Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario estima que las exportaciones agroindustriales argentinas alcanzarían un récord de US$ 42.200 millones en la campaña 2026/27, a pesar de una producción proyectada un 10% inferior a la de 2025/26.
La agricultura argentina podría volver a convertirse en una de las principales fuentes de dólares de la economía durante la campaña 2026/27. Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) proyecta que las exportaciones agroindustriales podrían aportar US$ 42.200 millones, el mayor registro de la serie histórica, incluso en un escenario productivo inferior al excepcional resultado que está dejando la campaña 2025/26.
El dato adquiere mayor relevancia porque la estimación de producción para el próximo ciclo se ubica en 155,8 millones de toneladas, un volumen 10% inferior a los 172,4 Mt que marcarían el récord de la campaña actual. Sin embargo, de concretarse, seguiría siendo la segunda mayor cosecha de la historia argentina, por encima de los 141,5 Mt de 2018/19. La proyección, elaborada sobre la base de las intenciones de siembra y rindes tendenciales para los cultivos de verano, todavía depende en buena medida de la evolución climática.
La propia BCR advierte que las cifras son preliminares y que “lo que ocurra efectivamente con el clima será determinante de los rendimientos y, por tanto, del volumen de cosecha en el nuevo ciclo”. El escenario presenta, de todos modos, una condición inicial favorable: los perfiles cuentan con buenas reservas de humedad y las perspectivas climáticas contemplan un fenómeno El Niño durante primavera y verano, con posibilidades de lluvias superiores a la media en buena parte del área agrícola.
Una cosecha que baja, pero sigue en niveles extraordinarios
El punto de partida para entender las expectativas es la campaña 2025/26. La combinación de lluvias excepcionales y una expansión de la superficie sembrada llevó la producción total a un récord de 172,4 Mt. El trigo alcanzó 29,5 Mt sobre una superficie récord de 7,2 Mha, el maíz llegó a 70,5 Mt y la soja aportó 51,5 Mt.
La magnitud del resultado sorprendió incluso frente a las expectativas que existían un año atrás. Las primeras proyecciones para 2025/26 estimaban una cosecha de 146,4 Mt. El salto posterior estuvo explicado por 1,3 millones de hectáreas adicionales de maíz, 300.000 hectáreas más de trigo y rindes nacionales 21% superiores al promedio, según la BCR.
Por eso, el retroceso previsto para 2026/27 no necesariamente implica un deterioro de la capacidad productiva. En buena medida responde a la comparación con un año extraordinario. La BCR señala que el ajuste se explicaría “prácticamente en su totalidad por efecto rendimiento”, dado que los rindes excepcionales de la campaña actual volverían a niveles considerados normales en el largo plazo.
Maíz y soja, en el centro de la nueva campaña
Entre los principales cultivos, el maíz volvería a ocupar un lugar central. La intención de siembra alcanza 10,6 millones de hectáreas, 4% menos que las 11 Mha de 2025/26, con 8,9 Mha destinadas a grano comercial. Con rindes tendenciales, la BCR proyecta una producción de 67,5 Mt.
La soja, en cambio, recuperaría superficie. Luego de varios ciclos de retroceso, la intención de siembra se ubica en 16,7 Mha, 2% por encima del ciclo anterior. Sin embargo, con un rendimiento promedio estimado de 29,1 qq/ha, la producción alcanzaría 47,8 Mt, 7% menos que en la campaña actual.
El trigo también parte de una situación particular. Después de que los costos de fertilización amenazaran con provocar una fuerte reducción del área, la caída del precio de la urea y las lluvias oportunas permitieron recomponer las decisiones de siembra. Finalmente, el área triguera se ubicaría en 6,95 Mha, apenas 3% por debajo del récord anterior y la segunda mayor superficie de los últimos 17 años. Con una recuperación de la fertilización, la BCR proyecta 21 Mt de trigo.
113 millones de toneladas rumbo al mundo
La producción tendrá su correlato en el frente externo. La BCR calcula que Argentina podría exportar 113 Mt de granos, subproductos y aceites durante el ciclo 2026/27, 5,8 Mt menos que lo estimado para la campaña actual, pero todavía el segundo mayor volumen de los registros.
Del total, 70,7 Mt corresponderían a granos, encabezados nuevamente por el maíz, con 45 Mt. Le seguirían el trigo, con 13 Mt; la cebada, con 3,2 Mt; el poroto de soja, con 5,5 Mt; el sorgo, con 1,2 Mt, y el girasol, con 1,1 Mt.
A esto se sumarían 33,7 Mt de subproductos y 8,5 Mt de aceites. Dentro del primer grupo sobresale la harina de soja, con 30,6 Mt, mientras que entre los aceites se destacan 6,2 Mt de aceite de soja y 1,9 Mt de aceite de girasol.
El volumen, por sí solo, sería suficiente para consolidar una extraordinaria corriente exportadora. Pero el elemento que termina de transformar esa oferta en un récord de dólares son los precios internacionales.
El precio internacional potencia la cosecha
La BCR observa un escenario internacional atravesado por problemas climáticos, tensiones geopolíticas y dificultades logísticas que podrían mantener relativamente firmes las cotizaciones de los principales commodities agrícolas. En ese contexto, destaca que maíz, soja y trigo llegaron a alcanzar máximos de tres años y medio.
El informe resume el escenario con una frase particularmente significativa: “El agro continúa haciendo historia: si el clima acompaña, las exportaciones agroindustriales podrían aportar un récord de US$ 42.200 millones”.
La cifra supera los US$ 41.800 millones que la entidad proyecta tanto para la campaña actual como para 2021/22, cuando los precios agrícolas alcanzaron niveles extraordinarios luego del inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania.
El complejo sojero volvería a ser el principal generador de divisas, con una proyección de US$ 22.000 millones entre granos y derivados. Pero el maíz también tendría un papel destacado: aportaría unos US$ 10.100 millones, un récord histórico para el cereal. El complejo triguero generaría US$ 3.500 millones y el girasol, US$ 3.400 millones.
Un proveedor atractivo en un mercado más incierto
Para la BCR, el récord potencial no se explica solamente por la producción argentina. También influye el contexto global. La entidad señala que déficits de lluvias y altas temperaturas afectaron cultivos en distintas regiones del hemisferio norte, mientras que los conflictos geopolíticos alteran las rutas de comercio, encarecen la logística y modifican los flujos de abastecimiento.
En ese escenario, Argentina podría capitalizar su disponibilidad de granos y derivados. El informe define al país como un “proveedor confiable de alimentos” en un mercado internacional donde la oferta enfrenta distintos factores de incertidumbre.
La combinación de volumen y precios es, entonces, la que explica el potencial salto de divisas: aunque la cosecha proyectada para 2026/27 sea menor que la extraordinaria producción de 2025/26, el valor de lo exportado podría alcanzar un nuevo récord histórico.
El desafío, una vez más, estará en el clima. La BCR advierte que el buen nivel de humedad de agosto convivió durante el último mes con lluvias cercanas a los valores normales y cierto deterioro de los perfiles. La expectativa de un Niño fuerte durante la primavera y el verano constituye un factor favorable, pero todavía no garantiza los rindes.
Por eso, los US$ 42.200 millones no son todavía dólares asegurados sino una proyección preliminar. Dependen de que la superficie prevista se concrete, de que los cultivos alcancen los rendimientos estimados y, finalmente, de que los precios internacionales acompañen. Si esa combinación se mantiene, el agro argentino volvería a ocupar el centro de la generación de divisas y podría establecer un nuevo máximo histórico de ingresos por exportaciones agroindustriales.
