Un recorrido por la correspondencia entre Franz Kafka y Felice Bauer, iniciada en septiembre de 1912, revela la centralidad de la escritura de cartas en la vida del autor y su impacto en su producción literaria.
Desde Ciudad de México. La lectura de Adiós a todo eso y una mención en un correo electrónico llevaron a la relectura de las cartas que Franz Kafka envió a Felice Bauer, un epistolario que comenzó en septiembre de 1912 y que se extendió por cinco años.
En la primera carta a Felice Bauer, Kafka aborda la escritura de cartas como tema central. En la segunda, una semana después, escribe: «No hago sino parlotear sobre mi carta anterior, en lugar de ponerme a escribir las muchas cosas que tengo que decirle». Las cartas se volvieron diarias, luego dos o tres al día. Según el análisis, los temas recurrentes incluyen el recuerdo de haber recibido una carta, la necesidad compulsiva de escribir y recibir cartas, los horarios de llegada y envío, los hábitos del cartero, las cartas perdidas, los sentimientos al leer una carta, las disculpas por no escribir, las exigencias de más cartas, los trastornos de salud asociados, la imposibilidad de escribir libros por dedicarse a las cartas, entre otros.
Erich Heller, en la introducción a la edición de Schocken, escribe que Kafka comienza a escribirle a Felice «buscando en ella un refugio frente a la irrupción de su ‘irrealidad'», y que las cartas «todo el tiempo están al borde de convertirse ellas mismas en literatura». Elias Canetti, en El otro proceso. Las cartas de Kafka a Felice, señala: «No se trata de un epistolario trivial […], sino que está al servicio de su escritura». Canetti destaca que dos noches después de la primera carta a Felice, Kafka escribió La condena de un tirón, en diez horas, y que en las semanas siguientes produjo El fogonero, varios capítulos de América y La metamorfosis.
La carta del 19 de noviembre de 1912 es citada como ejemplo de la tensión en la correspondencia. Kafka escribe: «Está muy bien el que pongamos fin a la demencia de escribirnos muchas cartas… ¿cómo debo explicarme el hecho de que, según tú misma dices, recibiste, o por lo menos te enteraste de que existía, mi última carta certificada el viernes por la mañana, y sin embargo no la contestaste hasta el sábado…?». Canetti describe su primera impresión al leer el epistolario como «de penosa perplejidad y de vergüenza».
El análisis enumera más de cincuenta temas recurrentes en las cartas, entre ellos la calidad de la letra manuscrita, la imposibilidad de usar máquina de escribir para correspondencia personal, los esfuerzos para no aburrir al destinatario, la insuficiencia de las palabras para expresar sentimientos amorosos, las interrupciones durante la escritura, los sueños con cartas o telegramas, y los buzones específicos donde se depositan.
El texto concluye que, tras leer solo las primeras 100 de 500 cartas, la correspondencia se percibe como «una oscuridad que me invade por dentro». Se menciona la intención de Kafka de destruir esas páginas y la influencia del epistolario en la relectura de su obra. Canetti afirma que las cartas, publicadas en un volumen de 750 páginas, «testimonian cinco años de tortura».
