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De Argentina a Austria: el costo de romper la confianza y el lado B de vivir en Europa

Claudia Di Paolo dejó Argentina para buscar sus raíces italianas, vivió en Malta y ahora reside en Austria. Allí encontró una sociedad ordenada y amigable, pero también chocó con la distancia cultural y el alto costo de romper la confianza.

Claudia mira a su alrededor y reconoce en Hard, Austria, a una ciudad tranquila, ordenada, profundamente amigable con el medio ambiente. Las bicisendas están perfectamente señalizadas, y con la primavera, la naturaleza y las personas florecen. El clima, de hecho, fue lo primero que le sorprendió cuando llegó como nueva residente: esperaba inviernos siberianos y se encontró con unas pocas nevadas por temporada. “Para nosotros, que amamos el frío, no fue una grata sorpresa”.

El alemán “brusco”, como lo describieron sus propios profesores, fue un choque, y luego llegó el impacto humano: “Los austriacos son distantes. Recuerdo el día que le mandé un mensaje a mi primera amiga aquí con un cariñoso ‘Hola, amiga, ¿cómo estás?’. Su respuesta fue escueta: ‘Sí, decime’. Fue un baldazo de agua fría. Pero aprendí a leer ese ‘decime’ sin drama: no es frialdad, es simplemente otra forma de estar en el mundo”.

“Algo muy lindo es que los domingos todo cierra, excepto los cafés para proteger al pequeño comerciante. Y en esos domingos tranquilos aparece algo que me encanta: viveros con plantas en la vereda, heladeras con huevos frescos, jardines con flores listas para cortar. Todo con su precio y una cajita para dejar el dinero. Sin nadie que controle. Solo confianza”. “Para esta sociedad, el costo de romper la confianza es infinitamente mayor que el beneficio de llevarse algo sin pagar. Esa conciencia colectiva, para mí, es admirable”, continúa Claudia.

Antes de Austria, Claudia vivió en Malta: “Un mundo de mares turquesas, calles angostas y el sueño de la ciudadanía italiana ya conquistado”. Y más allá de Malta, otro gran amor: Argentina. Y entonces, en días de nostalgia, Claudia se pregunta qué sentido tiene seguir viaje cuando uno se puede quedar.

De niña, Claudia Di Paolo adoraba escuchar las historias del nono y la nona contadas por sus padres y la abuela Angelita. A través de las palabras podía imaginarlos a ellos y a los paisajes de una Italia que despertaba en ella una fascinación creciente. Y junto a las historias, a sus manos llegaron objetos mágicos: una estampita, una medalla, y la cruz que su abuelo le había regalado a su abuela y que ella llevaba siempre consigo. “Hace varios años el deseo de completar mi identidad a través de la obtención de la nacionalidad italiana comenzó a arder cada vez con más fuerza dentro mío. Sentía que una parte de mi origen no estaba completa. Siempre me decía: no me voy a morir sin la ciudadanía”, rememora Claudia.

Los años pasaron, y con ese fuego creciente, llegó el 2022 y Claudia supo que era hora de tomar una decisión: quedarse o salir finalmente a perseguir su gran sueño. Hacía tiempo ya que se había casado y tenía una vida armada, pero el deseo de ambos por dar un salto hacia lo desconocido fue más fuerte y los llevó por un rumbo desconcertante para la mayoría: vender todo y vivir en Malta. ¿Por qué Malta?, preguntaba el entorno. ¿Dónde queda?, continuaba la mayoría, incapaz de ubicar el territorio en el mapa. Había un plan: Claudia trabajaba con éxito de forma remota como coach empresarial e individual y su marido —quien renunció a su empleo— tenía la posibilidad de hacer un curso que les permitía vivir legalmente y trabajar medio tiempo. Y, mientras tanto, Claudia cruzaría al país vecino, Italia, para iniciar el tan anhelado trámite de ciudadanía.

“Todo resultó mejor de lo esperado”, revela. “Mi marido consiguió trabajo de su profesión inmediatamente y yo logré mi propósito también. El proceso fue realmente duro para mí. Pero es tan grande la satisfacción de haberlo logrado que, mirándolo a la distancia, ya no me parece tan duro”. “Siempre me pregunté por qué me llevó tanto tiempo tomar la decisión. Encontré las respuestas gracias a mi profesión. Para mí tomar decisiones tan complejas no tiene que ver con la valentía, todos los seres humanos somos valientes, basta con vivir. El secreto está en tener una motivación suficiente, definida, intensa, planeada y libre de emociones negativas. No es cuestión de valentía. Es encontrarle valor a aquello por lo cual arriesgarse. Si se siente la necesidad de escapar de un lugar, más ‘te atornillás’ en él. Es cambiar el seteo mental. Enfocarse en ‘ir hacia… para’ en lugar de ‘escapar de… por’. Este pensamiento da impulso a tomar la decisión. Y nos da claridad para que no queden cosas pendientes en el lugar que dejamos”.

Toda decisión conlleva pérdida, es la parte inevitable de la historia y Claudia jamás dimensionó cuánto dolería. Anunciar la novedad a su familia fue duro, sobre todo cuando tocó el turno de sus padres. La decisión la habían tomado en noviembre del 2022, pero dejaron pasar la fecha para comunicarla.

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