El autor de ‘El Hobbit’ y ‘El Señor de los Anillos’ sostuvo en su ensayo ‘Sobre los cuentos de hadas’ que los niños no tienen más necesidad de fantasía que los adultos. Nació en 1892 en Bloemfontein y murió en 1973 en Bournemouth.
J.R.R. Tolkien, autor de las novelas ‘El Hobbit’ y los tres volúmenes de ‘El Señor de los Anillos’, nació como John Ronald Reuel Tolkien el 3 de enero de 1892 en Bloemfontein, actual Sudáfrica. Su padre, Arthur Reuel Tolkien, trabajaba como gerente de la sucursal del Banco Británico de África Occidental.
A los tres años regresó a Inglaterra. Su padre murió de fiebre reumática y la familia se trasladó a Birmingham. Su madre, Mabel, falleció de diabetes en 1904, cuando Tolkien tenía 12 años. Los hermanos Ronald y Hilary pasaron su adolescencia en orfanatos y fueron educados por el padre Francis Xavier Morgan, un sacerdote católico del oratorio de Birmingham.
Tolkien conoció a Edith Mary Bratt a los 16 años, con quien se casó y estuvo casado 56 años. Murió el 2 de septiembre de 1973 en Bournemouth, Inglaterra, a los 81 años.
La ‘guardería intelectual’
Filólogo, lingüista, profesor universitario y escritor, Tolkien escribió en 1939 en su ensayo ‘Sobre los cuentos de hadas’ (On Fairy-Stories): ‘Los niños como clase no tienen ni más ni menos necesidad de cuentos de hadas que los adultos. Son personas distintas, y sus gustos son individuales. Están creciendo, y sus dolores de crecimiento son muy parecidos a los de los adultos’.
Sostenía que los niños no debían ser confinados a una ‘guardería intelectual’ y rechazaba la idea de que la mitología y los relatos fantásticos fueran un ‘entretenimiento menor’.
No compartía la visión de J.M. Barrie, creador de Peter Pan, y planteaba que el deseo de permanecer eternamente en la infancia no era idealista, sino una detención del desarrollo.
Tolkien definía la asociación entre la infancia y los cuentos de hadas como ‘un error histórico’. Para el creador de ‘El Señor de los Anillos’, los niños son individuos en pleno crecimiento intelectual con gustos diversos.
‘El mercado ha degradado el cuento de hadas a la guardería. […] Entre el mobiliario de la guardería se ha incluido el cuento de hadas, que los adultos han desechado como ropa vieja, no porque estuviera rota o gastada, sino porque ya no la querían’, manifestaba.
Consideraba una falta de respeto asumir que a todos los niños les gusta la fantasía solo por ser niños, o que los adultos deban privarse de ella para demostrar madurez intelectual.
Aseguraba que la fantasía podía ser herramienta intelectual para que los adultos logren tres aspectos fundamentales: la ‘Recuperación’, volver a mirar las cosas cotidianas con asombro; el ‘Escape’, huir de la industrialización y la guerra; y el ‘Consuelo’, la resolución feliz o eucatástrofe, el giro de los acontecimientos al final de una historia que salva al protagonista de un desastre inminente.
Tolkien concebía el relato maravilloso como una herramienta de la razón activa, que permite recuperar una visión clara del mundo.
