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Encuesta de Datafolha: Lula 45% y Flavio Bolsonaro 40% en intención de voto

A horas de los comicios presidenciales en Brasil, el último sondeo de Datafolha registra 45% para Luiz Inácio Lula da Silva y 40% para Flavio Bolsonaro en votos válidos. En un eventual balotaje, Lula obtiene 48% y Bolsonaro 45%.

A pocas horas de celebrarse los comicios presidenciales en Brasil, la última encuesta difundida por la encuestadora Datafolha detalla el reparto de preferencias entre los dos principales contendientes: el actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva, y el abanderado de la derecha, Flavio Bolsonaro.

Intención de voto en primera vuelta

Al excluir los votos en blanco, los nulos y los indecisos, metodología utilizada por el Tribunal Superior Electoral (TSE) para oficializar los resultados, Luiz Inácio Lula da Silva (PT) registra el 45% de las intenciones de voto válido. Había comenzado la semana con un 43%. Flavio Bolsonaro (PL) se posiciona con el 40% de los respaldos, frente al 39% de la medición previa.

Si se analizan los votos totales, incluyendo blancos y nulos, Lula alcanza el 40% frente al 36% de Bolsonaro. El resto de los aspirantes se mantiene relegado: el escritor Augusto Cury (Avante) cosecha un 5%, el exgobernador Ronaldo Caiado (PSD) un 4%, y Renan Santos (Missão) sólo un 3%.

Escenario de segunda vuelta

En una eventual segunda vuelta, escenario que se perfila como inevitable dado que ningún candidato supera por el momento el umbral absoluto de los votos válidos en esta instancia, la brecha se estrecha. Lula obtiene el 48% de la intención de voto y Bolsonaro alcanza el 45%. Con una diferencia numérica de tres puntos en el balotaje y un margen de error técnico estimado en dos puntos porcentuales, los analistas coinciden en que la definición se encuentra abierta.

Polarización y rechazo

Movimientos recientes en la campaña, como la controversia en torno a noticias falsas vinculadas a símbolos religiosos, reconfiguraron temporalmente las bases. Lula capitalizó apoyo entre el electorado católico (trepando al 50%), mientras que Bolsonaro consolida su hegemonía entre los votantes evangélicos, donde domina con un 52% frente al 26% del actual presidente.

El sondeo de Datafolha detectó que un 17% de los votantes admite que todavía podría cambiar su elección en el último segundo. Un dato que expone la polarización extrema es el rechazo cruzado: el 45% de los encuestados afirma que no votaría de ninguna manera por Flavio Bolsonaro, un porcentaje exactamente idéntico al que rechaza de plano la figura de Lula.

Las encuestas de Datafolha sitúan tanto a Luiz Inácio Lula da Silva (PT) como a su principal contendiente opositor, Flavio Bolsonaro (PL), liderando simultáneamente las listas de rechazo a nivel nacional, con porcentajes del 46% para ambos. En una medición anterior era del 45% para Lula y del 47% para Bolsonaro. Por su parte, sondeos de firmas como Quaest han registrado niveles de rechazo y desaprobación gubernamental que rondan entre el 49% y el 55% para las figuras principales.

Con este panorama de cifras ajustadas y un clima de alta confrontación institucional, Brasil se encamina a una de las elecciones más disputadas de su historia democrática reciente. A este complejo tablero federal se suma el factor estratégico de los debates y la fiscalización de las calles, donde las recientes mediciones de otras encuestadoras como RealTime Big Data e Ideia confirman que la volatilidad sigue latente en los centros urbanos más poblados. Mientras los equipos jurídicos de ambas fuerzas multiplican los recursos ante el Tribunal Superior Electoral por presuntas infracciones de campaña, los observadores internacionales advierten que la participación definitiva del domingo será el termómetro clave para inclinar la balanza en este histórico pulso político.

La batalla por el centro

Con este panorama de división y fatiga institucional, los equipos de campaña de Lula y de Bolsonaro reorientaron sus ejes tácticos hacia los márgenes de los bloques consolidados. Con los extremos ideológicos altamente marcados, el gran botín electoral se concentra en el centro político. Las campañas desplegaron mensajes orientados a la moderación económica, la seguridad ciudadana y la gestión pragmática para seducir al elector de centro que recela de los radicalismos.

Tanto el bando oficialista como la oposición dirigieron sus esfuerzos de propaganda y estrategia hacia el bolsón de ciudadanos descreídos, apáticos o aquellos inclinados al voto en blanco o nulo. Capturar la atención de este sector, que descree de la política tradicional pero experimenta dudas ante los extremos, se convirtió en el factor diferencial para definir el balance de fuerzas en un eventual balotaje.

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