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Valeria Luiselli: una escritora que aborda el desplazamiento y la metamorfosis en su obra

La autora mexicana Valeria Luiselli, nacida en 1983, ha desarrollado una carrera literaria centrada en temas como la migración, la identidad y la transformación. Su obra, que incluye ensayos y novelas, explora fronteras geográficas y formales, con un enfoque en la experiencia del desplazamiento.

Valeria Luiselli dedicó varios años al estudio de la geografía humana del desplazamiento, abarcando fronteras, límites, migraciones y desiertos atravesados por la ilegalidad. Su primer libro, Papeles falsos (2010), estableció las bases de su escritura híbrida, que no se ajusta a categorías formales predefinidas. En esa obra, las metáforas son espaciales: ciudades, mapas, arquitectura y navegación. Los ensayos son breves y se estructuran en torno a lo que la autora denominó “intimidades fugaces” con el espacio urbano. Luiselli tenía 26 años cuando los escribió, recién llegada a Nueva York desde Ciudad de México, y residía en Harlem. Su biografía es itinerante: nació en Ciudad de México en 1983, creció en Sudáfrica y vivió en India, Corea del Sur y Estados Unidos.

Tanto sus ensayos como sus novelas abordan perspectivas sobre la maternidad, los viajes y el desplazamiento. Sus textos son fragmentados y polifónicos, y buscan reflejar la multiplicidad de factores, razones y consecuencias de la migración. Esto se evidencia en Los ingrávidos, obra que trata sobre quienes se han desprendido de la gravedad, del lugar y de la página.

Con La historia de mis dientes, Luiselli logró un reconocimiento significativo en el ámbito literario. El origen de este libro fue un encargo de la Galería Jumex, una institución artística de Ecatepec financiada por una empresa de jugos, para crear una narración en serie destinada a los trabajadores de la fábrica, leída en voz alta y comentada en un taller colaborativo. La novela reflexiona sobre la utilidad de la ficción, el acceso a ella y el valor económico, simbólico y metafísico de los objetos considerados arte. En esta obra, Luiselli colecciona y construye nuevas texturas, combinando proverbios chinos y fragmentos en latín. El argumento sugiere que la literatura y el mundo del arte son estafas, y que el estafador más honesto es quien lo admite. El personaje Highway vende dientes que no pertenecieron a las personas que afirma. La autora escribe novelas armadas con voces y formas prestadas.

Entre 2015 y 2019, Luiselli trabajó como intérprete judicial voluntaria para niños migrantes indocumentados en procedimientos de inmigración en Nueva York. Esta experiencia, que incluyó a niños de cinco años sin representación legal que respondían preguntas sobre violencia, violaciones y cruces de frontera, dio lugar a Los niños perdidos. Este ensayo se estructura en 40 preguntas basadas en el cuestionario de admisión para niños migrantes detenidos, e incluye la propia experiencia de Luiselli al solicitar la residencia. El tiempo dedicado a esta obra le permitió escribir Desierto sonoro.

Desierto sonoro fue su primer libro escrito en inglés, una decisión formal que refleja el lenguaje del aparato de inmigración, los tribunales y la frontera. La novela explora la historia del pueblo apache y la crisis migratoria en la frontera suroeste de Estados Unidos, abordando temas como la conquista y la memoria. La trama sigue a una familia —un documentalista del sonido, su esposa y sus dos hijos de relaciones anteriores— que viaja en coche desde Nueva York a Arizona. Los padres documentan lenguas en extinción y niños perdidos, mientras los hijos escuchan. El archivo del título representa el registro de los fracasos de una civilización, y la novela plantea quién hereda ese archivo y qué debe hacer con él.

Principio, medio, fin marca un giro en la obra de Luiselli hacia un registro más personal. La novela comienza cuando una madre y su hija adolescente llegan a Sicilia durante un verano de tormentas y actividad volcánica. Han desembarcado cerca de ruinas antiguas donde la abuela de la narradora trabajó en una excavación arqueológica. La madre, una escritora sin nombre, recién divorciada, está de gira promocionando su libro. La hija, de doce años, es precoz y tiene curiosidad por la filosofía. La estructura del título hace referencia a una frase que aparece en La historia de mis dientes, donde el personaje Highway la usa para describir el arco narrativo. Luiselli retoma esta idea con una intención más privada: cuestionar si la historia que se vive tiene forma y si, al equivocarse en el principio, el resto puede revisarse. Durante la gira, la narradora y su hija hacen una parada en Catania, cerca del lugar de nacimiento de la abuela, quien, mientras trabajaba en una excavación arqueológica disfrazada de hombre, se guardó un azulejo con la cabeza de Proteo, el dios griego del mar capaz de cambiar de forma. Este artefacto ha pasado de generación en generación entre las mujeres de la familia y ahora lo conservan la narradora y su hija. La niña, que considera el azulejo robado, insiste en devolverlo a la Villa Casale. Proteo es el dios de la transformación, que cambia de forma para evitar responder preguntas. La novela entrelaza mitos, filosofía antigua e historia natural con momentos de la vida contemporánea, y se pregunta cómo las historias moldean los recuerdos y la imaginación de los hijos, cómo situarse en el mundo aceptando la fugacidad, y cómo se forjan los recuerdos familiares y qué ocurre cuando desaparecen.

La relación entre madre e hija es central en la novela. La narradora se encuentra en el “medio” entre una madre cuya memoria se desvanece y una hija que entra en la adolescencia. Este estado se asemeja al espíritu errante de sus ensayos. Las preguntas de sus libros anteriores —qué significa estar en un lugar que no es propio, qué se debe a las lenguas que se habitan o abandonan, cuál es la relación entre el archivo y la vida que debe preservar— se plantean a través de la familia y de un artefacto robado que viaja por las vidas de cuatro mujeres: la abuela, la madre, la hija y un pasado más antiguo que Sicilia.

Valeria Luiselli escribe siempre el mismo libro y nunca es el mismo. El territorio que aborda es el umbral, la frontera en su sentido más amplio: entre lenguas, generaciones, los vivos y los muertos, y entre el yo que fue y el yo en el que el siguiente capítulo obliga a convertirse.

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