Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA) revela que, pese a una tasa de desocupación del 7,8% en el primer trimestre de 2026, la calidad del empleo se deterioró significativamente en los últimos quince años.
La tasa de desocupación en Argentina fue del 7,8% en el primer trimestre de 2026, un nivel considerado bajo en términos históricos. Sin embargo, un documento de trabajo del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA) titulado «Deterioro y resquebrajamiento de la estructura social del trabajo en la Argentina (2010-2025)» señala que detrás de ese número se produjo una transformación en la estructura del empleo.
El estudio, elaborado por los investigadores Ramiro Robles, Alejo Giannecchini y Valentina Ledda, analizó quince años de datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH-INDEC). Según el documento, «el desafío recurrente para generar empleos productivos y de calidad se agravó en un contexto de estancamiento económico, baja productividad, inestabilidad macroeconómica y fragmentación regulatoria». Los autores concluyeron que el ajuste no se reflejó en la cantidad de puestos, sino en su calidad.
Entre 2010 y 2025, el empleo formal privado cayó del 36,6% al 35% del total, y el sector público retrocedió del 17% al 16,7%. En contraste, el sector «microinformal» —que incluye changas, autoempleo no registrado y asalariados sin aportes— pasó del 46,4% al 48,3%, impulsado principalmente por el no asalariado informal, que subió del 28,2% al 31,7%.
Dentro del empleo formal privado, la precariedad también aumentó: la incidencia de situaciones precarias pasó del 25,9% al 29,1%. Además, la proporción de asalariados registrados que quedan fuera de los convenios colectivos de trabajo creció 4,5 puntos porcentuales en el período, según datos cruzados con la Secretaría de Trabajo.
El informe también analizó las consecuencias sobre los ingresos. Según su modelo estadístico, un trabajador del sector privado formal y regulado tiene 18 veces más probabilidades de ubicarse en el estrato de ingresos más alto que en el más bajo. En cambio, para un trabajador informal precario, esa probabilidad es de 0,12.
En cuanto a las trayectorias laborales, entre 2011-2013 y 2023-2025 aumentó el pasaje de trabajadores desocupados hacia el autoempleo microinformal, mientras que disminuyeron las chances de acceder a un empleo asalariado formal o público. También creció la proporción de trabajadores que, proviniendo de un empleo protegido, pasaron a una actividad informal por cuenta propia.
Consultado sobre las causas, Robles identificó tres dimensiones: una institucional, vinculada a «un proceso de retirada paulatina de la negociación colectiva»; otra coyuntural-productiva, relacionada con «condiciones productivas cada vez más adversas» y una macroeconomía inestable; y una tercera estructural, que refiere a la dificultad de Argentina para «reconciliar a sus sectores productivos más dinámicos con la generación de puestos de trabajo».
Respecto a la reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional, Robles sostuvo que «es también una cristalización, la búsqueda de exteriorizar una trayectoria de hecho que ya se venía dando». No obstante, afirmó: «No comparto el diagnóstico implícito de que con la puesta en práctica de un modelo institucional más flexible y más atomizado alcanza para generar las condiciones que reinicien el crecimiento».
Sobre la expansión de Vaca Muerta y la minería, el investigador indicó que «esas actividades pueden generar empleos directos, pero en una intensidad tal que, si no es acompañada por una articulación de muchos más empleos indirectos, difícilmente alcancen a cambiar las tendencias del mercado laboral».
El documento completo está disponible en el sitio del Observatorio de la Deuda Social Argentina. La investigación concluye que la movilidad ocupacional reciente funcionó como un «ajuste defensivo» de trabajadores que, ante la falta de empleo formal, quedaron expuestos a mayores riesgos de precarización y peores ingresos.
