Según una investigación del Houston Advanced Research Center, las emisiones de NOx podrían aumentar entre un 35% y un 400% para 2031 debido a la demanda energética de las instalaciones de inteligencia artificial. Investigadores piden que se las regule como plantas industriales.
Un estudio publicado recientemente por el Houston Advanced Research Center (HARC) advierte que el avance de los centros de datos de empresas de inteligencia artificial (IA) en Texas podría anular más de dos décadas de reducciones en la contaminación atmosférica. La investigación señala que la demanda energética de estas instalaciones y la proliferación de generadores de gas natural podrían elevar las emisiones de contaminantes a niveles no registrados desde principios de la década de 2000.
Entre 2002 y 2024, Texas redujo drásticamente sus principales contaminantes atmosféricos —como los óxidos de nitrógeno (NOx), el dióxido de azufre y el material particulado— mediante regulaciones severas y la adopción de tecnologías limpias en la industria, la generación eléctrica y el transporte. El estudio indica que la proliferación de centros de datos amenaza con revertir ese avance.
De acuerdo con un análisis de The Texas Tribune, se proyecta la llegada de al menos 288 proyectos de centros de datos, impulsados por la inteligencia artificial y sus altos requerimientos de cómputo y refrigeración, lo que plantea un desafío para la capacidad energética del estado.
La investigación de HARC revela que la elección del suministro eléctrico para estas instalaciones podría ser determinante. Incluso en un escenario relativamente limpio, en el que los centros se conectan a la red eléctrica e implementan energía eólica y solar, las emisiones de NOx aumentarían un 35% para 2031. En un escenario con uso masivo de gas natural, podrían incrementarse cerca de un 400%, lo que anularía 20 años de leyes y políticas de protección ambiental.
“Lo que estamos demostrando aquí es que existe un aumento significativo en las emisiones de diferentes contaminantes que debe abordarse, porque de lo contrario esto podría tener graves consecuencias para la población y el medio ambiente”, expresó Carlos Gamarra, vicepresidente de energía, aire y TI de HARC. Gamarra agregó que es necesario exigir a los centros de datos que “cumplan con los mismos estándares de emisiones industriales y de generación de energía que impulsaron el progreso de Texas”.
El principal factor detrás de este potencial retroceso reside en las dificultades para conectar las nuevas instalaciones a la red eléctrica administrada por el Consejo de Confiabilidad Eléctrica de Texas (ERCOT, por sus siglas en inglés). Obtener una conexión formal puede demorar entre tres y cinco años, un lapso que los desarrolladores tecnológicos consideran incompatible con sus plazos de instalación.
“Por lo tanto, comienzan a implementar sus propios sistemas de energía in situ, y no siempre eligen la opción más limpia de generación de energía en el sitio debido a los plazos”, indicó Gamarra. Los expertos advierten que los motores que generan electricidad en las propias instalaciones mediante gas natural emiten aproximadamente cuatro veces más óxidos de nitrógeno que la red eléctrica convencional para entregar la misma cantidad de energía. Según el análisis, las emisiones de NOx podrían ser entre dos y 10 veces mayores si la nueva demanda se cubriera con combustión en lugar de una combinación de red, energía solar y eólica.
Las proyecciones de HARC señalan que el material particulado fino (PM2.5) retornaría a los niveles de 2006 si los nuevos centros de datos utilizaran la mezcla actual de la red eléctrica de ERCOT. Además, los compuestos orgánicos volátiles (VOC) superarían en un 32% los registros de 2002, lo que favorecería la formación de ozono a nivel del suelo. De acuerdo con el informe, la degradación atmosférica afectaría con mayor severidad a grandes zonas metropolitanas como Houston, Dallas-Fort Worth, San Antonio y Austin, que ya enfrentan dificultades para cumplir los límites federales de calidad del aire.
Ante este escenario, investigadores y ambientalistas solicitaron clasificar formalmente a los centros de datos como plantas industriales de alto impacto. “Si la industria crece como se espera, debemos tener cuidado con la calidad del aire. Debemos prestarle atención porque no queremos volver a los niveles de emisiones que teníamos a principios de la década de 2000”, concluyó Gamarra.
Por su parte, la industria, representada por la Data Center Coalition, argumentó que los operadores buscan optimizar el uso energético y combinar fuentes renovables. También afirmó que algunas proyecciones de demanda de la red podrían estar sobreestimadas.
