La presencia del presidente Javier Milei en la escuela técnica ORT, donde presentó los lineamientos de su libro «La moral como política de Estado», reactivó la discusión sobre la tensión entre enseñar y adoctrinar. Un sociólogo y director de escuela analiza el uso del término y las políticas de denuncias en el ámbito educativo.
La presencia del presidente Javier Milei en la escuela técnica ORT donde presentó, ante estudiantes, los lineamientos de su libro «La moral como política de Estado», reactualizó un debate referido a la tensión entre enseñar y adoctrinar. Según el diccionario de la lengua española «adoctrinar» resulta de inculcar a alguien determinadas ideas o creencias, en tal sentido, todo comportamiento humano de transmisión podría ser, entonces, calificado como adoctrinamiento, sin embargo el uso cotidiano que se le da al término refiere a la imposición de un único modo de pensar y de actuar.
El debate sobre adoctrinar y enseñar viene de principios del siglo XX y su máxima expresión fue en la década de 1960 y 1970 donde grandes movimientos estudiantiles y revueltas sociales impulsaron cambios en el sistema educativo. Estos estallidos dieron lugar a distintos modos que buscaron desestructurar la educación dirigida, siendo el libro «La sociedad desescolarizada» (1973) de Ivan Illich una referencia para criticar la educación escolarizada y fomentar el autoaprendizaje. En «another brick in the wall», a través del arte musical y fílmico, Pink Floyd puso de relieve que la lucha contra el adoctrinamiento escolar implicaba rechazar el castigo físico y la obediencia a la figura de autoridad que ejercía terror. La rebelión estudiantil rechazó esos modos de enseñanza surgiendo a partir de esa modalidad adoctrinadora.
¿Quién adoctrina?
La sociedad ilustrada y educada bajo la República de Weimar (Alemania 1918-1933), parió al nazismo; la educación que incluía castigo físico, generó revueltas estudiantiles; con estos acontecimientos debería alcanzar para evidenciar que no existe una linealidad entre modos de educación y modos de obrar. Afirmar que la enseñanza adoctrina, en el sentido de imposición, es pretender esconder las fuerzas sociales y políticas que definen hacia dónde y cómo se orientará la vida y cuáles serán los lineamientos educativos. En definitiva, la enseñanza no resuelve los problemas sociales, los aborda y elabora una comprensión posible. Las dinámicas propias de la sociedad, son las que generan las modas y el surgimiento y decadencia, de fuerzas políticas.
La lucha contra el adoctrinamiento nació enfrentando a los poderes instituidos para ser, en el presente, utilizado como instrumento del poder de turno; se pasó de enfrentar al poder a congraciarse con él. Asistimos a una apropiación del poder político de lo que fue, originalmente, una expresión de liberación estudiantil. En Argentina el poder político incentivó, a partir de 2014, las denuncias anónimas ante situaciones conflictivas del ámbito escolar creandose una línea telefónica para la atención de situaciones de violencia en las escuelas que derivó en el actual espacio que recibe denuncias por acoso escolar, discriminación, hostigamiento, maltrato físico y psicológico y la imposición ideológica o el adoctrinamiento.
Toda vez que se concibe la posibilidad de la enseñanza como práctica que adoctrina es porque se aprecia que enseñar es un acto unilateral y unívoco donde los estudiantes son ubicados como individuos pasivos que asimilan silenciosa y obedientemente todo lo que se les inculca, esa es la apreciación de quien ve adoctrinamiento. Esa mirada ignora que una acción de adoctrinamiento, en tanto y en cuanto es inculcar una determinada perspectiva, sólo puede ser realizada por el Estado ya que es este quien tiene a su disposición los recursos legales para hacerlo, toda vez que fija los diseños curriculares, los lineamientos educativos, las normas y penas; donde la fuerza, es el último recurso.
Por qué, ahora, una campaña sobre adoctrinamiento
Asistimos a un período histórico de ruptura que se expresa en la alteración de todas las legislaciones conocidas, las formas de gobierno establecidas y el desenvolvimiento de una guerra de alcance mundial. Todo esto pone de relieve la alteración social y la incertidumbre sobre el futuro. El camino a la guerra se afianza con gobiernos que se endurecen con toda disidencia al interior de sus fronteras.
La docencia constituye el motor social y cultural de la sociedad por estar inserta en las tensiones de la vida social toda vez que son receptores de las problemáticas que rodean al estudiante como sujeto integral, es esta misma docencia que se ha ido convirtiendo en una caja de resonancia de las angustias y de las expectativas de la niñez y de la juventud. En tal sentido, la docencia tiene potencialmente la capacidad de elaborar interpelaciones y cuestionamientos a la vida que se vive. Inhibir a la docencia de emitir sus propias opiniones, sus apreciaciones y su enseñanza es un modo de anular formas diversas de pensar la vida y, por sobre todo, la experiencia del intercambio mediado por la diversidad de opiniones. Anular, por acción del terror, la opinión de la docencia en el espacio social educativo evidencia que se instala el orden moral del Estado sobre las opiniones individuales y esto significa un retroceso en la historia, porque se anula el derecho a la libertad de expresión.
La política que motiva las denuncias por adoctrinamiento promueve el miedo encorsetando la libertad de expresión y de consciencia, que son los aspectos centrales que motorizan el encuentro educativo. Ese miedo instala la sospecha al interior de la comunidad educativa cuyos efectos recaen en la docencia como una espada de Damocles, toda vez que sobrevuela la presión de ser denunciados por emitir opinión. Se genera así, desde la política del Estado, docentes obedientes, docentes burocráticos.
Una campaña sostenida que difunde al ámbito escolar como medio de adoctrinamiento, de hostigamiento y de maltrato promueve políticas de desprestigio hacia la docencia y coloca, en la vereda opuesta, a las familias. La política que incentiva las denuncias por adoctrinamiento busca colocar una separación entre familias y docentes; promueve la sospecha y la desconfianza entre actores claves y solidarios y apunta a colocar a las familias como los controladores de los docentes. Una política que busca la confrontación entre un sector de la ciudadanía contra los docentes.
Por eso sostener una política que promueva la falsa conciencia del adoctrinamiento, va arando el terreno que cuestiona las formas escolares y coloca, como alternativa, propuestas educativas que apuntan a incrementar la fragmentación de la educación donde su máxima expresión resulta ser la educación en el hogar o homeschooling. Ruptura del lazo social que deviene en un terreno de desintegración colocando, en el centro, al individuo y no a la colectividad.
Adoctrinar
El concepto de adoctrinamiento es complejo y polisémico, esto permite utilizarlo para cuestionar una diversidad de comportamientos. En el presente, cuando los estudiantes hacen mención al adoctrinamiento refieren por un lado, que el docente no expresa múltiples enfoques de un mismo tema; por otro lado, se señala como un acto de adoctrinamiento toda opinión que un docente emite pero que no es solicitada por los estudiantes y también refieren a esa categoría para expresar que sienten que sus ideas son desconsideradas por el docente. Es decir que el docente debería ser alguien objetivo y aséptico, sin ideas propias y sobre todo, debería carecer de honestidad intelectual con las y los estudiantes de decirles lo que piensa. Debería, también, circunscribirse a lo que se le pregunta, sin ampliar como si los temas fueran segmentos sin conexiones con otros temas. Pero también está el reclamo para que la docencia escuche a los estudiantes.
Afirmar que la enseñanza adoctrina, como imposición, es pretender esconder las fuerzas sociales y políticas que definen hacia dónde y cómo se orientará la vida y la educación
Si el docente pudiese abordar todos los enfoques, entonces, no cabría oposición, debate y otras consideraciones, el docente sería la persona que concentraría, en sí, todo el conocimiento. La consideración que exige al docente que no emita una opinión más allá de la solicitada, esboza una concepción históricamente errada sobre la educación pero sostenida en el tiempo, aquella por la cual el docente debe enseñar lo que el estudiante deberá rendir pero también la del menor esfuerzo. Finalmente, el pedido de los estudiantes para que los docentes escuchen, es la confirmación del camino por el cual se desenvuelve la enseñanza, a través del cual el diálogo franco, entre todos los miembros de la comunidad educativa, habilita el pensamiento.
Enseñar
Al hablar de enseñanza vale remitirse a su etimología, del latín insignare que significa señalar hacia algo, exponer y mostrar. Por lo tanto el proceso educativo apunta a motivar al sujeto en su subjetividad alterando su zona de confort y generando una tensión con los saberes que portamos en nuestra vida cotidiana. La enseñanza parte de la vida social misma para ponerla al escrutinio del pensamiento, de la reflexión a través del debate. Por tal motivo se puede decir que es incompatible con la enseñanza cercenar la opinión ajena y, sobre todo, la opinión adversa porque la enseñanza estimula funciones psicológicas motivadas por el proceso pedagógico toda vez que apela a sujetos capaces de asimilar y rechazar la realidad inculcada por el medio.
La dinámica de asimilar y rechazar pone de relieve que la enseñanza no avanza linealmente pero tampoco a un ritmo único, como si fuese una cadena de montaje o de producción . Todo lo contrario, el aprendizaje se produce de manera desigual y combinada, toda vez que se aprende algo sin haber obtenido todas las bases previas; se aprende fuera del tiempo escolar algo que se le enseñó en el medio escolar con anterioridad. Por pequeños cambios pero también por saltos bruscos se desarrollan las vivencias subjetivas, esto es más abarcativo que considerar la falsa idea de que aprobar una asignatura es equivalente a saber de la misma. Acreditar no siempre significa haber tenido una aprehensión, una vivencia en la experiencia de la enseñanza.
La enseñanza se trata de que el docente pueda asegurar la libertad de opinión del estudiantado fortaleciendo, de este modo, su posibilidad de emitir la propia opinión brindando así garantías para la diversidad de expresiones. El rol docente habilita el pensamiento disímil mediante el intercambio, el debate que estimula el surgir de distintos enfoques que serán colocados en la escena escolar por parte del estudiantado, porque ellos personifican el medio social en el que vivimos, porque lo tienen interiorizado y el medio social es amplio y rico en diversidades. La denuncia por adoctrinamiento apunta no sólo a silenciar al docente sino a evitar que el estudiante entre en disenso con su contexto, con sus preconceptos.
Enseñar es concebir que toda persona humana está constituida por diversas opiniones y por una indescifrable cantidad de palabras por lo cual resulta imposible afirmar dónde termina una personalidad individual y donde comienza la social. Somos, en definitiva, una síntesis de múltiples acontecimientos y palabras que nos determinan; Carl Sagan llevó esto a su máxima expresión cuando dijo que los individuos «somos polvo de estrellas», conformados por el cosmos. El señalamiento apunta a fijar un espacio y tiempo y, en tal sentido, se produce un acto de limitación de emociones que, a su vez, desarrolla nuevas habilidades. Por eso, libertad en educación no significa hacer lo que se quiere, sino que apunta a disponer de todo lo posible dentro de un plan general educativo y de un medio social que estimule el aprendizaje.
* Sociólogo. Director de escuela. @profedmelcer
