La neurociencia señala que el cerebro no se apaga en reposo y que actividades con retos cognitivos y emocionales favorecen la recuperación laboral.
El ritmo laboral y la exposición al estrés pueden generar una sobrecarga mental que lleva a buscar vacaciones sin pensar. No obstante, según la neurociencia, el cerebro no se apaga en estado de reposo. La inactividad no implica ausencia de pensamiento; el cerebro divaga, lo que no resulta relajante.
Una forma de lograr un descanso efectivo es mantener activas las denominadas ‘funciones ejecutivas’, que permiten controlar el pensamiento y la conducta sin caer en el piloto automático. Estas funciones se dividen en frías y calientes. Las frías se utilizan al razonar, planificar o cambiar de estrategia en situaciones abstractas y con baja carga emocional. Las calientes intervienen cuando hay emociones como tentación, riesgo, victoria o derrota.
Actividades que ejercitan las funciones ejecutivas
Los juegos de mesa ponen a prueba las funciones ejecutivas: leer un reglamento desafía la memoria de trabajo, las primeras partidas exigen flexibilidad e inhibición (funciones frías) y la competencia activa las funciones calientes. En el deporte ocurre algo similar: correr en solitario implica funciones frías, mientras que deportes con oponente, incertidumbre y adrenalina, como pádel, escalada o tenis de mesa, entrenan las funciones calientes al requerir reacción en tiempo real.
Las actividades recreativas al aire libre, con bajo estrés, son beneficiosas para la atención, la inhibición de la conducta y la flexibilidad cognitiva. Romper el sedentarismo moviliza los circuitos prefrontales. La fórmula propuesta combina bajo estrés, movimiento corporal y un reto cognitivo con componente emocional, como una partida que se quiere ganar o un deporte no dominado.
Antes de las vacaciones, se pueden realizar descansos activos: actividad física ligera entre horas de trabajo o estudio, añadiendo un pequeño reto cognitivo, por ejemplo, sentadillas contando de tres en tres hacia atrás desde 50.
Beneficios en la vuelta al trabajo
La evidencia científica indica que para la ‘recuperación laboral’ se necesitan cuatro elementos: desconexión psicológica, relajación, autonomía sobre el tiempo libre y aprendizaje de algo nuevo o superación de un reto. Esto último disminuye la sensación de agotamiento y favorece la sensación de competencia.
Los efectos de las vacaciones no son permanentes y pueden desaparecer en las primeras semanas de rutina. Mantener retos cognitivos con carga emocional prolonga los beneficios y deja las funciones ejecutivas más entrenadas para afrontar el regreso.
