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Carlos Pauner, alpinista de 61 años: “Cuando caía por la pared a gran velocidad entendí que iba a morir y sentí calma, porque cuando algo deja de depender de ti desaparece la angustia”

El alpinista español Carlos Pauner, uno de los pocos en completar los 14 ochomiles, relató en una entrevista su experiencia en condiciones extremas, incluyendo una caída de 100 metros en el Kanchenjunga en 2003.

Carlos Pauner, nacido en Jaca en 1964, es uno de los nombres destacados del alpinismo español. En 2013 se convirtió en el tercer español en completar los 14 ochomiles, las catorce montañas del planeta que superan los 8.000 metros. Entre sus ascensiones figuran cumbres como el Everest, el K2 o el Annapurna.

En una entrevista reciente en el pódcast español ‘Conversaciones Con Expertos’, Pauner habló sobre lo que se vive en la alta montaña. El alpinista repasó sus aventuras y desgracias en el Himalaya, incluida su caída en el Kanchenjunga en 2003.

Según explicó, una de las situaciones más duras es encontrarse con personas que ya no pueden continuar. “Hay momentos en los que ves a gente que se sienta en la montaña y sabes que ya no se va a levantar. Y tú tienes que seguir, porque si te paras con él, mueres también”, afirmó.

Pauner reconoció que ha tenido que dejar atrás a compañeros en situaciones límite. “He tenido que dejar a gente atrás sabiendo lo que iba a pasar. Es una de las cosas más duras que te puede tocar vivir, pero allí arriba no decides como persona, decides como alguien que quiere sobrevivir”, sostuvo. También insistió en que el descenso es el momento más peligroso: “La mayoría de los accidentes no ocurren subiendo, ocurren bajando”.

El episodio más crítico de su carrera ocurrió en el Kanchenjunga, la tercera montaña más alta del mundo, en 2003. Durante el descenso sufrió una caída de casi 100 metros. “Cuando caía por la pared a gran velocidad entendí que iba a morir y sentí calma, porque cuando algo deja de depender de ti desaparece la angustia”, aseguró.

Según publicó La Vanguardia en mayo de 2003, Pauner cayó después de perder el contacto visual con sus compañeros y perdió los guantes exteriores. Aun así, hizo vivac dos noches a 7.600 metros de altura, sin beber ni comer, y llegó al campo base número 3 del descenso. “Recuerdo perfectamente pensar que la muerte no me iba a coger sentado. Tenía que seguir como fuera, arrastrándome si hacía falta, pero no podía quedarme allí”, explicó.

En cuanto a la preparación mental, Pauner señaló: “Llega un momento en el que no sabes muy bien si estás tomando decisiones o simplemente estás reaccionando. Todo va más lento, te cuesta pensar y eso es muy peligroso”. Añadió: “Sabes a lo que vas. Sabes que existe ese riesgo y que forma parte de lo que haces”.

Los datos de la Himalayan Database indican que 340 personas han fallecido en el Everest a lo largo de la historia, con una mortalidad en torno al 2%. En el Annapurna, la proporción de fallecidos respecto a quienes alcanzan la cima ha sido una de las más altas del mundo. El K2 tiene una mortalidad cercana a 1 de cada 4 alpinistas, y el Kangchenjunga alrededor de 1 de cada 5. Pauner lo resumió: “Allí arriba la montaña siempre tiene la última palabra. Tú solo puedes intentar hacer las cosas bien para tener opciones de bajar”.

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