Según un análisis político, la mayoría de la población expresa frustración por la situación económica, mientras que el deseo de cambio no encuentra un canal político definido.
Finalizado el Mundial, la atención pública retornó a la realidad cotidiana. Según un análisis político, el ánimo social muestra un aumento de la depresión en comparación con el enojo. El motivo principal es la dificultad para llegar a fin de mes, lo que lleva a la mayoría de la población a modificar hábitos de compra o a endeudarse.
El informe señala que solo un 25% de la población no presenta problemas económicos. El resto cambia sus hábitos de consumo o se endeuda. Las personas que consideran que las cosas han mejorado con la gestión de Javier Milei no superan el 20%.
El análisis indica que la economía avanza a dos velocidades: el sector alto y medio alto conserva ahorros, mientras que el resto enfrenta dificultades. La frustración, sin embargo, no se traduce en una misma bandera política, ya que las visiones sobre las causas y las soluciones difieren.
Se mencionan dos hitos que marcan la percepción colectiva: la crisis de 2001, recordada por los adultos, y la pandemia de COVID-19, con sus efectos en los menores de 40 años. Se sostiene que Milei es producto de crisis no resueltas por la dirigencia.
Existe una demanda de cambio, pero los caminos no están claros. Se describen tres concepciones: una que prioriza el esfuerzo personal y un Estado mínimo, otra que demanda un rol más protagónico del Estado, y una tercera de un sector en la informalidad absoluta que ha perdido la esperanza en el Estado.
En cuanto al futuro, para algunos el ajuste económico es una oportunidad de progreso; para otros, un impedimento para no caer en la pobreza. Este último sector es mayoritario y percibe estancamiento, angustia y frustración.
La situación es dilemática: el deseo de cambio no encuentra un sujeto político que lo canalice. El Gobierno teme una segunda vuelta, el peronismo no resuelve su interna y los sectores no alineados carecen de referentes.
