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Dos baños para cientos de sobrevivientes del terremoto en Venezuela

En un campamento improvisado en el estacionamiento de una farmacia en Catia La Mar, estado La Guaira, cientos de damnificados comparten dos baños prestados, cinco días después de los sismos que afectaron al país.

Un campamento improvisado en el estacionamiento de una farmacia y dos baños para cientos de personas es la realidad de uno de los muchos grupos de damnificados que continúa sin protección en el estado La Guaira, cinco días después de los terremotos que afectaron Venezuela.

En la zona de Catia La Mar, una de las más afectadas por los sismos, los damnificados se organizan para mantener los únicos baños disponibles, que les presta la farmacia cercana.

El campamento se inició de forma espontánea el miércoles posterior a los terremotos. Los sobrevivientes se instalaron como pudieron en medio de la emergencia, que deja más de 12.000 familias damnificadas, según cifras oficiales.

Se alimentan gracias a donaciones de grupos de apoyo y preparan sus comidas en cocinas que algunos rescataron entre los restos de sus edificios, encendidas con fuego mediante cilindros de gas que han traído.

Sus viviendas actuales son carpas o sábanas extendidas al aire libre para protegerse del sol y los zancudos, que abundan en este estado costero donde el calor y la humedad también afectan las labores de rescate.

“No ha llegado nadie del Gobierno a decir ‘Vamos a ver dónde los podemos ubicar’. No. Los que nos han prestado el apoyo han sido los mismos venezolanos. Nosotros mismos sobreviviendo y guerreando. Estamos como abandonados”, afirmó a EFE Socorro Sánchez.

Sánchez sobrevive a un segundo desastre en La Guaira, luego del deslave de 1999, récord Guinness por el mayor número de muertes por aludes (entre 10.000 y 30.000, según el libro, aunque especialistas advirtieron que las cifras nunca fueron precisas).

“Le doy gracias a Dios. Por algo Dios nos está dando una oportunidad. Pero mi familia me dice: si Dios te está dando tanta oportunidad, vas a tener que salirte de ahí (de la Guaira)”, declaró.

En La Guaira, las personas agradecen haber sobrevivido pese a haber perdido todo, porque los terremotos han dejado al menos 1.450 muertos y miles de heridos, según cifras del Gobierno.

A unos metros se encuentra otro refugio con otros cientos de damnificados, quienes usan recipientes de plástico y bolsas para sus necesidades. El olor a heces y orina es ineludible.

“Nos hace falta por lo menos un baño, porque tenemos que estar buscando los huequitos y ya no se da abasto. Aunque sea unos baños portátiles. Entiendo que fue muy grande lo que pasó, pero nos hace falta”, declaró Yajaira Alvarado, de 75 años, quien subrayó que tiene cálculos en los riñones.

Para asearse, Alvarado pide ayuda a otras personas, quienes extienden sábanas a su alrededor para darle intimidad mientras se vierte agua con un recipiente de plástico para lavarse, práctica común en Venezuela por fallas en los servicios públicos.

“Esto es horrible. Les pedimos que por lo menos nos manden unos (baños) portátiles. Ya nosotros nos encargaremos de limpiarlos”, solicitó en entrevista con EFE.

En su refugio no tienen cocinas. Aunque agradece la comida que llevan los voluntarios, Alvarado extraña preparar su café y su desayuno. También extraña bañarse, como antes: entre paredes.

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