Un empresario del sector salud encontró la Patagonia en un aviso clasificado, compró un campo cerca de Esquel y se mudó con su familia. Hoy, en las afueras de Trevelin, conduce la plantación de más de 5.000 plantas de seis especies distintas, un bosque nativo de 40 hectáreas y un proyecto que en septiembre abrirá sus puertas al turismo.
Osvaldo Zampella se topó con la Patagonia en un aviso clasificado. Era un sábado a la mañana, en Buenos Aires, y en las páginas de La Nación había un anuncio de venta de campos en una zona que no conocía, cerca de Esquel. Llamó por teléfono. Ese llamado lo cambió todo.
Corría 1998 y Osvaldo tenía una empresa de servicios en el sector salud en Pilar. La Patagonia le gustaba, aunque desde lejos. Adquirió el campo y empezó a viajar una vez por mes. Sus hijos —Lara, Lisandro y Lucio— eran chicos todavía.
La decisión de mudarse llegó entrada la década del 2000. «Fue la zona que encontramos más virgen para hacer este tipo de proyectos», dijo Osvaldo. Él y su mujer, Lorena, apostaron todo.
Durante casi dos décadas, Osvaldo se dedicó a la ganadería ovina y vacuna en campos a 30 kilómetros de Esquel. Cuando llegó a los 50 años y vendió el campo ganadero, supo que era el momento. «Decidí dedicarme a lo que más me gustaba», afirmó.
Así llegaron a la chacra Cerro Cónico, en las afueras de Trevelin, bautizada en honor al cerro cercano que alberga un glaciar y abastece de agua subterránea a toda la zona. Lo que encontraron fue un terreno atravesado por vertientes que se transforman en arroyo y luego en laguna, rodeado de 40 hectáreas de bosque nativo.
Empezaron en 2021, después de la pandemia. El primer año pusieron 800 plantas. Luego mil más. Entre 2024 y 2025 completaron las restantes hasta llegar a 5.000 plantas de seis especies distintas. Hoy, Cerro Cónico tiene la plantación de lavanda más austral de la Argentina.
«Teníamos dudas con algunas que podrían no llegar a soportar el frío», reconoció Osvaldo. Cuando llegó diciembre y las lavandas florecieron por primera vez, «fue espectacular», dijo. «Se traducía en todo el trabajo que habíamos hecho: la labranza de la tierra, desyuyar, plantar durante el invierno. Días de frío, días de lluvia, días de nieve.»
El segundo hito llegó en febrero de 2026, cuando realizaron la primera destilación y obtuvieron aceite esencial de lavanda. De ahí salieron los primeros productos: un hidrolato, una crema, la esencia pura.
Además de las 5.000 lavandas, la chacra tiene plantaciones de aromáticas —romero, tomillo, orégano— y forestaciones de robles, abedules, cipreses de los pantanos y arces. Todo convive con las 40 hectáreas de bosque nativo que los Zampella cuidan.
A partir de septiembre de 2026, la chacra se abrirá al turismo con visitas guiadas. «Es como un cuadro», dijo Osvaldo. «Uno lo puede tener en la casa y mirarlo solo. Decidimos abrirlo para que otras personas lo puedan ver y disfrutar con nosotros.»
El balance de casi tres décadas desde aquel aviso en el diario es, según él, «excelente». «Uno va dejando de lado un poco el materialismo», afirmó, «y se enfoca en las cosas más simples: disfrutar, poder caminar, poder mirar.»
