Las autoridades panameñas intensifican campañas de vigilancia y control de la rabia paralítica bovina, enfermedad transmitida por murciélagos hematófagos, ante la detección de casos en Panamá Oeste, Coclé, Veraguas, Colón y Panamá Este.
La rabia paralítica bovina mantiene su presencia en Panamá, donde las autoridades han reportado casos recientes en diversas provincias, por lo que mantienen activas campañas de vigilancia y control.
Las capturas forman parte de la estrategia permanente del control de los murciélagos hematófagos, considerados el principal reservorio natural y transmisor de la rabia silvestre. Recientemente se dieron capturas en la comunidad de Nuevo Tonosí, provincia de Colón, una zona endémica.
Javier Samaniego, técnico del Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA), reiteró la importancia de mantener la vigilancia epidemiológica y continuar con las labores de monitoreo y control en las zonas ganaderas de la provincia, con el objetivo de preservar el estatus sanitario del hato bovino y garantizar la seguridad de los productores y sus comunidades.
La enfermedad, que es una inflamación del cerebro que afecta a todos los animales de sangre caliente, principalmente al ganado vacuno, representa un riesgo para la salud pública y la producción pecuaria, registrando brotes en las provincias de Panamá Oeste, Coclé, Veraguas y Colón, así como en la región de Panamá Este.
El principal vector de transmisión es el murciélago hematófago Desmodus rotundus, cuya población es objeto de acciones periódicas de control por parte de las autoridades.
La última vez que en el país se registraron ataques masivos por murciélagos hematófagos, se afectó a una población susceptible de 13.777 bovinos, causando la muerte de 220 animales.
El 54,02 % de los focos fueron confirmados en laboratorio, lo que evidencia la importancia del diagnóstico temprano y la vigilancia constante.
La transmisión ocurre mediante la mordedura de animales infectados, en el caso del ganado, principalmente por los hematófagos. El período de incubación en los bovinos puede ir de 25 a más de 150 días, mientras que la enfermedad suele durar entre 2 y 5 días, aunque en ocasiones puede extenderse a 10 días.
Fuentes ganaderas indicaron que los síntomas: fiebre leve, decaimiento, pérdida repentina de apetito y brusca caída en la producción de leche, se confunden con otras enfermedades infecciosas.
Los animales afectados tienden a aislarse, presentan depresión, ojos hundidos y orejas caídas. En fases avanzadas, pueden mostrar signos de nerviosismo, tendencia al ataque y parálisis progresiva.
En junio de 2024 la Dirección Nacional de Salud Animal del MIDA detectó casos positivos de rabia en bovinos en la provincia de Panamá Oeste, específicamente en los distritos de Capira y Chame.
Ante estos brotes, las autoridades establecieron zonas de seguridad de 10 km alrededor de los focos, donde era obligatoria la vacunación de todos los animales. Además, se reforzó la captura de murciélagos hematófagos, con especial atención a cualquier mordedura reportada por los productores para coordinar la intervención técnica.
Ganaderos consultados indicaron que desde 2019 se viene observando un incremento en el número de casos de rabia bovina en el país, con la enfermedad presente de forma intermitente en varias provincias.
Por su parte, el MIDA realiza capturas de murciélagos hematófagos y adelanta campañas de vacunación, aunque señalan que existen desafíos logísticos, como la pérdida de vacunas por fallas en la cadena de frío, lo que puede incidir en el aumento de los casos.
Las autoridades panameñas consideran la rabia bovina como una enfermedad de notificación obligatoria, dado su impacto económico y sanitario. Los especialistas recomiendan a los productores mantener la vacunación actualizada, reportar cualquier signo nervioso o muerte súbita de animales y evitar el contacto directo con ejemplares sospechosos.
El control de la población de murciélagos hematófagos se realiza mediante capturas programadas, aunque factores climáticos como las lluvias pueden limitar la efectividad de estas acciones.
En el ámbito regional, la rabia paralítica bovina ha estado presente en el continente americano desde la época prehispánica, según reportes y estudios técnicos sistematizados por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
La enfermedad adquirió mayor importancia con la expansión de la ganadería, pues los murciélagos, que antes eran dependientes de la fauna silvestre, comenzaron a alimentarse de animales domésticos.
Desde la década de 1970 el desarrollo de vacunas efectivas y técnicas para reducir la población de murciélagos ha permitido una reducción significativa de los brotes en países como Bolivia, Brasil, Guatemala, México, Nicaragua y Panamá.
