En la Casa Rosada confían en que el certamen futbolístico, que comienza el 11 de junio, ayude a descomprimir la crisis interna por el caso Adorni y a retomar la agenda pública.
El Gobierno argentino no oculta sus expectativas ante el inminente Mundial de fútbol, que dará inicio el próximo 11 de junio. En la Casa Rosada creen que el torneo, que se extenderá por más de un mes, actuará como un “anestésico” o una “bocanada de aire” en medio de la crisis interna desatada por el caso Adorni, que lleva 70 días acaparando la atención mediática.
Fuentes oficiales descartaron que después del Mundial se realice un “relanzamiento” de la gestión, pero admitieron la necesidad de retomar el control de la agenda pública. “Algo hay que hacer”, señaló un miembro del Gabinete, cansado por las repercusiones del denominado “Adorni Gate”, que incluye revelaciones sobre el crecimiento patrimonial y los viajes del jefe de Gabinete.
En Balcarce 50 consideran que el paréntesis mundialista permitirá consolidar las mejoras económicas, como la reciente baja de la inflación al 2,6% en abril, frente al 3,4% de marzo. La expectativa es que esa tendencia se profundice y se traduzca en signos de mejora palpables para la población.
No obstante, el caso Adorni sigue latente en la conversación social y el oficialismo aún no define una estrategia clara para recuperar la iniciativa. La presentación de la declaración jurada de Adorni, prevista para el 31 de mayo, podría generar nuevos ruidos, aunque en el Gobierno confían en que el funcionario “aclarará todo”.
Mientras tanto, las tensiones internas persisten, como lo evidenció el cruce entre Patricia Bullrich y el presidente Javier Milei por los plazos de esa declaración. El Mundial aparece así como una oportunidad para que el Gobierno intente resetear su gestión y encarar el segundo semestre con renovado impulso, antes de que los aires electorales de 2027 comiencen a influir en la dinámica política.
