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Taiwán, pieza clave en la cumbre Trump-Xi

La histórica relación entre Estados Unidos y Taiwán, sustentada en las ‘Seis Garantías’ de 1982, enfrenta su mayor incertidumbre ante la cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping. ¿Está en riesgo el apoyo militar y político a la isla?

¿Están en riesgo las históricas ‘Six Assurances’ que Ronald Reagan estableció en 1982 y que marcó desde entonces la relación entre Estados Unidos y Taiwán? Seis garantías comprometidas por los Estados Unidos que, en la suma, han sido el garante real para mantener a la isla libre de las fauces del gigante chino. Cabe recordarlas: ninguna fecha límite para cesar la venta de armas a Taiwán; ninguna consulta previa con China sobre dichas ventas de armas; ningún rol de mediación entre Taipei y Beijing; ninguna modificación de la Ley de Relaciones con Taiwán; ningún cambio de posición respecto a la soberanía de Taiwán; y ninguna presión sobre Taiwán para obligarla a entablar negociaciones con China.

Sobre esas seis garantías se cierne una de las grandes inquietudes de la cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping y con ello, se acumulan las preguntas: ¿rebajará Trump el apoyo político y militar a la isla? ¿Será Taiwán la moneda de cambio para concesiones comerciales, desde la compra de Boeings, hasta los productos agrícolas o las tierras raras? ¿Pasará Trump del clásico ‘no dar apoyo’ a la independencia de Taiwán, al rotundo ‘oponerse a la independencia’, matiz de gran valor político? ¿La isla será clave en la apertura del estrecho de Ormuz y la resolución del conflicto con Irán? De momento, algunos indicios podrían dar pábulo a la inquietud.

Estos serían los indicadores preocupantes. Por un lado, Trump ha subido su dureza retórica respecto a Taiwán como competidor económico, especialmente en la industria de los semiconductores, hasta el punto de hablar de robo, y vincularlo a la defensa de la isla. ‘Sabes, Taiwán nos robó el negocio de los chips… y quieren protección’, dijo hace unos meses en el podcast The Joe Rogan Experience, y este mes de marzo forzó un pacto bilateral con Taipei que obligaba a las tecnológicas de la isla a invertir masivamente en Estados Unidos. Además, a diferencia de Bush o Biden, o incluso Truman, Trump se ha negado a garantizar la defensa militar de Taiwán en caso de invasión. Finalmente, justo antes de la cumbre, el Departamento de Estado ha frenado un gran paquete de venta de armas a Taiwán por valor de 13.000 millones de dólares, y Trump ha asegurado que utilizará ese paquete de armas como elemento negociador con Xi Jinping, ‘Voy a tener esa conversación con el presidente Xi. Al presidente Xi le gustaría que no lo hagamos’, ha dicho a pie del Air Force One, camino a Beijing.

A las inquietudes que ha generado Trump con algunas de sus decisiones y declaraciones, cabe sumar la postura inflexible de China, que ha convertido la cuestión de Taiwán en la máxima prioridad de la agenda. El propio presidente Xi Jinping ha sido rotundo: ‘El tema de Taiwán es el asunto más importante en las relaciones entre China y Estados Unidos. Estados Unidos debe manejar con extrema cautela la venta de armas a Taiwán’. En este sentido, no se sabe si Trump utilizará realmente a Taiwán como moneda de cambio en sus negociaciones, pero es indiscutible que sí lo hará Xi Jinping. En la mesa de juego la guerra arancelaria, los acuerdos comerciales, las exportaciones de tierras raras, el estrecho de Ormuz, la propia guerra de Irán, o el gran paquete tecnológico con la espinosa cuestión de las restricciones a la exportación de chips hacia China. Solo cabe observar la nutrida delegación empresarial que ha acompañado a Trump (desde Elon Musk de Tesla, Tim Cook de Apple, Larry Fink, de BlackRock, hasta Kelly Ortberg de Boeing) para entender la enorme dimensión comercial de la cumbre. Y con esas valiosas cartas en la mesa, Taiwán sale en todas las partidas.

Sin embargo, a pesar de las alarmas justificadas, hay motivos muy poderosos para considerar que el presidente norteamericano no variará en nada su posición sobre Taiwán. De entrada, es inimaginable que Trump otorgará un éxito geopolítico tan importante a China, invirtiendo el statu quo a su favor. Ello implicaría la pérdida inmediata de confianza de Japón, Australia y Corea del Sur y, por ello, la pérdida del valor estratégico norteamericano en el Pacífico. Además, ello también implicaría una crisis política con sus propias filas. El solo hecho de haber afirmado que ‘hablaría’ de las armas para Taiwán ya ha motivado una carta de advertencia de varios senadores alarmados por lo que considerarían un quiebro de las ‘seis garantías’.

Y si los motivos políticos son rotundos, los económicos son terminantes. Primero, no es imaginable que Trump ponga en peligro el acuerdo bilateral con Taipei firmado en marzo, que ha comprometido inversiones masivas de empresas taiwanesas en la industria de semiconductores norteamericana. Y segundo, si Taiwán cae, cae la civilización moderna. O, dicho de otra manera, si Taiwán no exporta sus chips, colapsa el mundo. Ese es el gran poder geopolítico de la pequeña isla. Y esa es la debilidad de China respecto a Taiwán, a pesar de la dureza de la retórica.

Como conclusión, el ruido de Xi Jinping y la ambigüedad de Trump parecen más las bazas para encarar unas negociaciones complejas, que ambos mandatarios necesitan, que no las posiciones maximalistas que no darían resultados satisfactorios. China sabe que Trump no dejará caer a Taiwán, y Estados Unidos sabe que Xi Jinping no hará descarrilar la cumbre. Pero ambos usan Taiwán como comodín para salir con ventaja. El arte de hacer negocios.

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