El 25 de enero de 1966, el piloto de pruebas Bill Weaver volaba un SR-71 Blackbird de la Fuerza Aérea de Estados Unidos a Mach 3.18 cuando la aeronave se desintegró. Weaver fue expulsado de la cabina y sobrevivió; el copiloto Jim Zwayer falleció.
El 25 de enero de 1966, el piloto de pruebas Bill Weaver volaba un SR-71 Blackbird de la Fuerza Aérea de Estados Unidos a Mach 3.18, a unos 79.000 pies de altura, cuando perdió el control de la aeronave durante un vuelo experimental. En apenas dos o tres segundos, el avión se desintegró y Weaver fue arrancado de la cabina por las fuerzas que destrozaron la estructura.
El accidente se convirtió en un episodio de la historia de la aviación militar. Weaver sobrevivió a pesar de no haber realizado una eyección convencional: el asiento expulsor permaneció dentro de los restos del avión. El otro tripulante, Jim Zwayer, que viajaba en el asiento trasero, murió a causa de una lesión fatal en el cuello durante la desintegración.
Qué provocó la desintegración del avión a Mach 3.18
El vuelo de Weaver formaba parte de una serie de pruebas destinadas a evaluar los sistemas de reconocimiento y navegación del Blackbird, además de estudiar procedimientos para reducir la resistencia aerodinámica durante el vuelo de crucero.
Uno de los parámetros experimentales era la posición del centro de gravedad, desplazado deliberadamente hacia atrás para disminuir la resistencia producida por el ajuste del avión. Esa configuración mejoraba la eficiencia y también reducía la estabilidad longitudinal de la aeronave. El problema se desencadenó cuando falló el sistema automático de admisión de aire de la entrada derecha del motor.
El control pasó al modo manual mientras Weaver realizaba un viraje con una inclinación de 35 grados. En esas condiciones se produjo un fenómeno conocido como inlet unstart: la onda de choque que debía mantenerse controlada dentro de la entrada de aire se desplazó hacia adelante. El resultado fue una pérdida repentina de empuje y una alteración violenta del comportamiento del avión.
La nariz del SR-71 se elevó, la aeronave comenzó a inclinarse todavía más hacia la derecha y los intentos de corrección no consiguieron recuperar el control.
La combinación de la velocidad extrema, la altura, el centro de gravedad retrasado y la pérdida de estabilidad superó la capacidad del sistema de asistencia al vuelo. En cuestión de segundos, el Blackbird abandonó el vuelo controlado y comenzó a desintegrarse.
Cómo logró sobrevivir el piloto que salió despedido del SR-71
Cuando la estructura se rompió, las fuerzas aerodinámicas destrozaron el arnés que sujetaba a Weaver y lo arrancaron de la aeronave. No hubo una eyección convencional: el asiento expulsor quedó entre los restos del Blackbird. Una de las claves fue el traje presurizado que llevaba puesto.
A esas altitudes, la presión atmosférica es incompatible con la supervivencia humana sin protección. El equipo proporcionaba oxígeno, mantenía la presión alrededor del cuerpo y protegía al piloto frente a las condiciones extremas del entorno. El traje inflado también pudo amortiguar parte de las fuerzas sufridas durante la ruptura y evitar que Weaver muriera mientras caía a través de la atmósfera.
El sistema automático de estabilización del paracaídas se desplegó durante el descenso y el paracaídas principal se abrió a unos 15.000 pies. Weaver recuperó el conocimiento mientras descendía, aunque tenía la visera congelada y la línea de oxígeno parcialmente desprendida.
El piloto aterrizó en una zona remota de Nuevo México. El ranchero Albert Mitchell lo encontró pocos minutos después y lo trasladó en helicóptero a un hospital. La proximidad del rescatista resultó determinante para que recibiera atención médica rápidamente.
El desenlace fue diferente para Zwayer. Aunque su paracaídas también quedó visible durante el descenso, el copiloto había sufrido una lesión fatal en el cuello durante la desintegración del avión.
Después del accidente, se abandonaron las pruebas con el centro de gravedad situado tan atrás. Los ingenieros buscaron resolver el problema de resistencia aerodinámica mediante modificaciones en el diseño y mejoras en el sistema de control de admisión de aire.
Las lecciones que dejó el accidente para la aviación militar
Con el tiempo, los controles digitales de las entradas de aire redujeron significativamente los episodios de inlet unstart, uno de los problemas que habían afectado al desarrollo inicial del Blackbird.
El caso también expuso la dificultad de recuperar una aeronave que pierde el control a velocidades cercanas a Mach 3. A esas velocidades, las fuerzas involucradas durante una desviación brusca pueden aumentar de forma extrema en un intervalo muy corto, mientras que los márgenes estructurales son limitados.
El SR-71 Blackbird fue concebido para volar en condiciones que pocos aviones podían soportar. El accidente de Weaver mostró que incluso una aeronave avanzada podía quedar fuera de control cuando coincidían varios factores adversos.
Su supervivencia quedó ligada tanto a la protección que ofrecía el traje presurizado como a una sucesión excepcional de circunstancias. Para la aviación militar, aquella prueba dejó una advertencia sobre los límites de la velocidad extrema y la importancia de mejorar continuamente los sistemas de control y seguridad.
