El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró que el senador brasileño Flávio Bolsonaro puede quedarse en territorio estadounidense «el tiempo que quiera». La declaración se produjo en medio de cuestionamientos sobre la salida de Bolsonaro de Brasil y su ingreso a Argentina.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó el sábado por la noche que el senador brasileño Flávio Bolsonaro puede permanecer en territorio estadounidense «el tiempo que quiera». La declaración la hizo ante periodistas en su club Mar-a-Lago, en Palm Beach, Florida.
Trump también señaló que no prevé reunirse con Bolsonaro, quien se encuentra en Estados Unidos desde después de las elecciones presidenciales de Brasil.
El miércoles pasado, Trump evitó respaldar la autoproclamación de Flávio Bolsonaro como «líder de Brasil», aunque defendió la decisión de su Gobierno de autorizar la entrada del senador al país. «No voy a hacer un comentario sobre eso, pero sé que le dimos permiso para entrar al país, así que ya veremos; pero yo no voy a involucrarme. Fue una elección muy extraña», sostuvo.
Ante una segunda pregunta sobre la admisión de Bolsonaro en territorio estadounidense, Trump sostuvo que consideró injusto el trato que recibió el senador y su entorno tras el balotaje. «Me pareció que fueron tratados de manera muy injusta y no tomé partido en la elección; pero cuando veo algo que resulta inapropiado, lo señalo. Creo que él y su familia fueron tratados de manera muy injusta», afirmó.
Por su parte, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, afirmó el sábado que Washington no intervino en los preparativos de la salida de Flávio Bolsonaro de Brasil, aunque confirmó que el Gobierno autorizó el ingreso del senador cuando llegó a un punto de entrada al país. «Ya disponía de un visado, y el presidente tomó la decisión de permitirle entrar en el país», explicó Rubio durante una rueda de prensa en Atlanta, Georgia, donde recibió a los ministros de Asuntos Exteriores del G20.
Rubio agregó que «el Gobierno de EEUU no participó directamente» en las gestiones previas a la partida de Bolsonaro, quien abandonó Brasil después de la victoria electoral de Luiz Inácio Lula da Silva.
La salida del legislador abrió interrogantes en Brasil sobre el itinerario que recorrió antes de llegar a Estados Unidos. Bolsonaro entró a Argentina el 27 de octubre a través del Puente Internacional Tancredo Neves, en la provincia de Misiones, junto con su esposa y sus dos hijas. A las 23:30, la familia abordó un vuelo privado desde Puerto Iguazú con destino a Guayaquil, Ecuador. Desde esa ciudad continuó hacia Miami. La Dirección Nacional de Migraciones informó que los Bolsonaro presentaron documentación válida y que no figuraban impedimentos legales para su ingreso al país.
El caso tuvo origen en Brasil, donde el ministro Alexandre de Moraes, del Supremo Tribunal Federal (STF), había ordenado que Bolsonaro entregara sus pasaportes y le prohibió salir del país en una causa por presunto lavado de dinero. La Policía Federal brasileña señaló que no posee un registro oficial de la salida del senador.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, conocido como Itamaraty, convocó a la encargada de negocios de la embajada argentina en Brasilia, María Emilia Cortés, para requerir información sobre una posible participación de funcionarios del gobierno de Javier Milei en el traslado. La reunión se realizó con João Marcelo Galvão de Queiroz, responsable del Departamento de Mercosur de la Cancillería brasileña. Fuentes diplomáticas de Brasil calificaron el encuentro como un procedimiento para reunir información, sin una reprimenda ni una protesta formal.
La Casa Rosada sostuvo que Bolsonaro ingresó a Argentina sin alertas internacionales ni restricciones en los sistemas migratorios. El jefe de Gabinete, Diego Santilli, indicó que esa condición permitió su entrada al territorio argentino.
El episodio ocurre en medio de un deterioro de los vínculos diplomáticos entre Buenos Aires y Brasilia. Ambos países mantienen sus relaciones a nivel de encargados de negocios desde agosto, tras la salida de los embajadores Julio Bitelli, de Brasil, y Daniel Raimondi, de Argentina.
(Con información de Reuters)
