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Lula ganó las elecciones en Brasil y el avance de la derecha en el Congreso condiciona su gobernabilidad

Luiz Inácio Lula da Silva fue reelecto con el 51,79% de los votos frente a Flávio Bolsonaro. El Partido Liberal tendrá las mayores bancadas en Diputados y Senado, mientras el oficialismo deberá negociar con partidos de centro para avanzar en su agenda legislativa.

La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, con el 51,79% de los votos frente a Flávio Bolsonaro, dejó al presidente ante un Congreso con mayor presencia de fuerzas de derecha y centroderecha. El Partido de los Trabajadores (PT) deberá negociar con bloques que aumentaron su representación parlamentaria y mantienen diferencias con el oficialismo. El Partido Liberal (PL), vinculado al expresidente Jair Bolsonaro, tendrá las mayores bancadas en ambas cámaras y buscará aprovechar esa posición para impulsar su agenda legislativa.

La nueva composición del Congreso quedó definida en las elecciones del 4 de octubre, cuando se renovaron los 513 escaños de Diputados y 54 de los 81 del Senado. El PL obtuvo 121 diputados, frente a los 97 elegidos en 2022, mientras que la federación integrada por el PT, PCdoB y PV alcanzó 88 bancas. Según un relevamiento de Folha de S.Paulo, el 59% de los diputados electos pertenece a fuerzas de derecha, frente al 24% identificado con la izquierda.

El crecimiento del bolsonarismo fue más pronunciado en el Senado, donde el PL consiguió 19 de los 54 escaños en disputa. Con las incorporaciones y reemplazos derivados de las elecciones estaduales, el partido contará con 29 senadores, mientras que el PT tendrá diez. La derecha representará el 64% de la Cámara alta, según Folha, aunque esa mayoría ideológica no garantiza que todos sus integrantes voten de manera coordinada.

El avance de la derecha pone al Senado en disputa

La primera prueba para Lula llegará el 1 de febrero de 2027, cuando ambas cámaras deberán elegir a sus nuevas autoridades. El presidente buscará sostener a Davi Alcolumbre, de União Brasil, al frente del Senado para mantener un interlocutor con capacidad de negociación. Sin embargo, Rogério Marinho, del PL, y Tereza Cristina, del Partido Progresistas (PP), también aparecen entre los aspirantes al cargo, según la prensa brasileña.

La presidencia del Senado es especialmente importante porque permite intervenir en la agenda legislativa y administrar los tiempos de tratamiento de proyectos y vetos presidenciales. Un titular enfrentado con el Gobierno podría dificultar la aprobación de iniciativas oficiales, incluso cuando existan acuerdos con otros bloques. Durante su tercer mandato, Lula ya enfrentó conflictos con el Congreso por cuestiones presupuestarias y medidas económicas, por lo que la nueva distribución de bancas podría complicar las negociaciones.

El Senado también tendrá un papel central en la relación con el Supremo Tribunal Federal (STF), cuestionado por sectores del bolsonarismo. La Cámara alta puede tramitar procesos de destitución contra los ministros del tribunal, entre ellos Alexandre de Moraes, vinculado al proceso judicial que condenó a Jair Bolsonaro por el intento de golpe de Estado. Para concretar una destitución se necesitan 54 votos, una mayoría de dos tercios que el PL no reúne por sí solo y que requeriría acuerdos con otras fuerzas.

Los partidos de centro serán decisivos para Lula

En la Cámara de Diputados, el oficialismo intentará mantener una relación de cooperación con Hugo Motta, de Republicanos, quien buscará continuar como presidente del cuerpo. Tras conocerse la reelección de Lula, tanto Motta como Alcolumbre se comunicaron con el mandatario y ofrecieron colaborar con iniciativas del Gobierno. Pese al crecimiento del PL, sus 121 diputados están lejos de los 257 necesarios para alcanzar una mayoría absoluta, por lo que también deberá negociar con otras bancadas.

El MDB, PSD, União Brasil, PP y Republicanos tendrán un papel importante en las votaciones, debido a su representación y a los acuerdos que mantienen con distintos sectores políticos. Para Lula, las negociaciones incluirán proyectos económicos y asignaciones presupuestarias, además de posibles acuerdos sobre la integración del próximo gabinete. La distribución de cargos y recursos presupuestarios ya formó parte de las negociaciones del oficialismo para reunir apoyo legislativo. La elección de las autoridades parlamentarias en febrero permitirá conocer qué alianzas se consolidan y hasta dónde podrá avanzar la oposición bolsonarista en el Congreso durante el nuevo mandato presidencial.

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