El país cuenta con materia prima e infraestructura para producir combustible sostenible de aviación y marítimo, pero la ausencia de un marco legal frena inversiones estimadas en hasta US$ 40.000 millones para 2050.
La Argentina posee soja, maíz y caña de azúcar que pueden transformarse en combustible limpio para aviones y barcos. Según estimaciones del sector, este negocio podría generar US$ 15.000 millones en 2030 y alcanzar US$ 40.000 millones en 2050. Sin embargo, la falta de una ley que habilite la producción impide el desarrollo de la actividad.
Este jueves, el tema será tratado en las comisiones de Energía, Minería y Combustibles y de Presupuesto y Hacienda del Senado, que buscarán dictaminar sobre el proyecto de biocombustibles. La iniciativa modificaría el sistema vigente y ha generado diferencias entre los actores involucrados.
La discusión no se limita al porcentaje de biodiésel mezclado con gasoil y naftas. En el centro del debate se encuentra la posibilidad de producir combustible sostenible de aviación (SAF) y combustible renovable para transporte marítimo y fluvial. La demanda global de estos insumos crecerá debido a las exigencias de aerolíneas, navieras y fabricantes para reducir emisiones en un 80%.
El oficialismo negocia con provincias y cámaras del sector, y busca llevar su propuesta al recinto el 10 de septiembre. Si el Senado la aprueba, el proyecto pasará a Diputados. El sector espera que la ley esté reglamentada para fines de 2026, aunque enfrenta resistencias.
En el Business Forum organizado por el gobierno de Santa Fe en Rosario, Fernando Brun, secretario de Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería, afirmó: “Se viene trabajando en la Organización de Aviación Comercial (OACI) y la Organización Marítima Internacional (OMI) para impulsar al país”.
La Argentina ya produce y exporta biodiésel a partir de aceite de soja. No obstante, la Ley 27.640 impide a las exportadoras abastecer el mercado interno, lo que ha fragmentado el sector entre productores locales y aquellos con escala para exportar. Además, el biodiésel argentino enfrenta barreras de acceso a mercados como el de Estados Unidos, que impuso trabas antidumping desde 2017. Europa se convirtió en el principal destino.
Según la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), existen más de 300 proyectos de SAF en 40 países, concentrados en Estados Unidos, Europa, India y China. Brasil tiene 15 en marcha. La IATA estima que se necesitarán 500 millones de toneladas para alcanzar cero emisiones en 2050, mientras que en 2026 se producirán solo 2,4 millones de toneladas, equivalente al 0,8% del combustible de aviación global.
Empresas como YPF, Essential Energy, Louis Dreyfus, Bunge, AGD, Molinos y Cofco han manifestado interés en el negocio. YPF, junto a Essential Energy, invirtió US$ 350 millones para reconvertir su refinería en Santa Fe y crear Santa Fe Bio, destinada a producir SAF con aceites vegetales, residuos y grasas animales. Las obras comenzaron y se extenderán por 37 meses, con una proyección de 220.000 toneladas anuales.
Louis Dreyfus puso en marcha en enero una línea de molienda en Santa Fe con capacidad para procesar 3.000 toneladas diarias de semillas de alto contenido de aceite. Bunge, AGD, Molinos y Cofco expresaron interés en cultivos como camelina y carinata para ampliar la materia prima destinada al SAF. Según el Ministerio de Agricultura, el país tiene un potencial de 10 millones de hectáreas para estos cultivos.
Gustavo Idígoras, presidente de la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (Ciara-CEC), declaró: “En Brasil y los Estados Unidos se anunciaron proyectos entre grandes compañías agroindustriales y petroleras por US$ 5.000 millones en los próximos dos años. Rosario es la capital mundial del biodiésel, pero hoy se usa el 15% de su capacidad”.
