En el marco del Día Internacional de la Juventud, las Naciones Unidas proponen el lema “Contextos diferentes, aspiraciones comunes”. Un especialista en ciudadanía digital advierte sobre la necesidad de actualizar leyes y políticas públicas para abordar riesgos como la ludopatía digital y el ciberbullying.
Cada 12 de agosto se conmemora el Día Internacional de la Juventud. Para este año, las Naciones Unidas establecieron el lema “Contextos diferentes, aspiraciones comunes”. Según el organismo, las juventudes de distintas regiones comparten aspiraciones vinculadas a la dignidad, el trabajo, la educación de calidad y la participación.
En este contexto, el abogado y docente especialista en nuevas tecnologías, cuyo nombre no fue especificado, señaló que el entorno digital se ha convertido en un espacio central en la vida de los jóvenes. Afirmó que, en su recorrido por escuelas, observa una contradicción en el mundo adulto: por un lado, se exige a los chicos que se preparen para el futuro tecnológico; por el otro, se estigmatiza su relación con las pantallas.
El especialista sostuvo que “cuidar a la juventud hoy no es apagar los dispositivos; es involucrarnos en su convivencia digital”. En ese sentido, planteó que la permisión total y la prohibición no son opciones adecuadas, y que los adultos deben cumplir un rol socioafectivo de crianza.
También mencionó que las problemáticas digitales mutaron en los últimos años. Entre ellas, citó la ludopatía digital, las estafas financieras dirigidas a menores, el ciberbullying escolar y el diseño de algoritmos de recomendación orientados a la retención mediante contenido que genera odio o polarización. Según diversos estudios, los jóvenes pasan en promedio más de seis horas diarias en entornos virtuales.
La ONU alertó sobre la vulnerabilidad de las juventudes que enfrentan aislamiento geográfico o desventajas estructurales. En la región, la brecha digital profundiza estas distancias. El acceso seguro a internet, según el especialista, dejó de ser un privilegio tecnológico y se convirtió en un derecho humano elemental para estudiar, trabajar y prosperar de forma equitativa.
Desde su experiencia en gestión pública y análisis legislativo, el autor sostuvo que se requiere actualizar el marco legal, educativo y de crianza. Propuso leyes que regulen la responsabilidad de las grandes plataformas digitales, políticas públicas que lleven la ciberseguridad y la salud mental a las aulas, y un pacto de acompañamiento activo en los hogares.
El texto concluye que las aspiraciones de los jóvenes son claras: un mundo más justo, seguro y con oportunidades reales. El desafío de los adultos, según el autor, no es ser permisivos desentendidos ni prohibicionistas, sino legislar, educar y construir un entorno digital que proteja a los jóvenes.
