El oficialismo y la oposición mantuvieron esta semana contactos reservados de alto nivel para resolver cuestiones internas y definir estrategias de cara a las elecciones presidenciales de 2027.
El oficialismo y la oposición coincidieron esta semana en ejecutar contactos reservados inusuales, y al más alto nivel, para intentar zanjar sus respectivos atolladeros políticos. Según se informó, el diálogo entre Karina Milei, hermana del presidente, y el expresidente Mauricio Macri, así como la cumbre nocturna entre Axel Kicillof, Máximo Kirchner y Sergio Massa, acompañados por media docena de dirigentes peronistas, forman parte de este contexto.
Ambos movimientos comparten los mismos ritmos. Desde lo práctico, el secretismo: nadie se enteró ni filtró lo que iba a suceder antes de que ocurriera. La semejanza conceptual es menos anecdótica: se juntan más por el espanto a perder que por amor. Un clásico de la política, sobre todo cuando lo que se va a poner en juego es el cargo de presidente.
Según la ley electoral, exactamente dentro de doce meses deberían realizarse las PASO. El Gobierno pretende que queden de lado, los aliados dudan y el peronismo valida su realización. De lo que trascendió sobre lo que hablaron los protagonistas de estas conversaciones, todos plantearon la cuestión de las primarias. Entre los oficialistas, para negociar con el PRO el respaldo a cancelarlas. En los peronistas, para insistir en que se hagan y así poder desatar su enmarañado liderazgo.
Los hermanos Milei están convencidos de que las PASO pueden resultar un peligro para su administración. No solo porque adelanta las habituales tensiones electorales al campo de los mercados, sino porque un resultado negativo pueda acarrear temblores financieros. Le ocurrió a Macri en agosto de 2019.
Karina Milei tiene como principal objetivo que el presidente sea reelecto. Por eso aspira a que no haya PASO y necesita convencer al PRO, sectores de la UCR y gobernadores aliados para que el Congreso proceda. Con esa lógica, la hermana del presidente prohibió cualquier represalia contra los mandatarios y legisladores dialoguistas que hicieron caer los capítulos sobre la propiedad de la tierra y el manejo del fuego, claves en el proyecto del ministro Federico Sturzenegger al que el Senado le dio media sanción.
En esa misma dimensión “pacifista”, y en una relación plagada de desconfianzas, la presidenta de La Libertad Avanza retomó el trato con Macri, interrumpido desde que su hermano le contó el año pasado en Olivos que Manuel Adorni iba a reemplazar a Guillermo Francos en la Jefatura de Gabinete. El expresidente lo tomó como una afrenta.
Desde entonces, el PRO continuó respaldando en el Congreso la mayoría de las iniciativas del oficialismo y reforzó su apoyo a la gestión, como el ascenso de Diego Santilli. Pero se multiplicaron los dardos entre Milei y Macri.
El aumento del voltaje llevó al exmandatario a azuzar internamente la opción de que el partido que lidera lleve una candidatura nacional en 2027. Lo hizo en diferentes actos de su gira llamada “Próximo paso”. Casi todos en el PRO interpretaban esa agitación macrista como una presión a La Libertad Avanza para un acuerdo electoral. Esa presunción se mantuvo cuando el economista Hernán Lacunza anunció que pretende postularse a la Presidencia.
Con la apertura de la negociación LLA-PRO, Macri aspira a que su fuerza no vuelva a ser el furgón de cola en las listas libertarias, como sucedió en las legislativas. Y, en especial, que el karinismo acepte una alianza y se baje de la apetencia por gobernar la Ciudad de Buenos Aires, donde el PRO cumplirá dos décadas de mando. Jorge Macri, que tiene varios cortocircuitos con su primo, ya proclamó su deseo de reelección, con o sin acuerdo.
De estos zurcidos, y de otros, ya empezaron a hablar el jueves en una mesa que los aunó en Casa Rosada los representantes de Karina Milei (Santilli y los primos Menem) y de Macri (Cristian Ritondo y Fernando de Andreis), con promesas de regularidad quincenal.
El cónclave peronista tendría menos asegurada su continuidad, por la complejidad de su interna, centrada en la provincia de Buenos Aires. Para calmar las aguas se dejaron de lado las cuestiones ríspidas, como el habitual pase de facturas a Kicillof por no referenciarse ya en Cristina Kirchner ni hablar con ella en su prisión domiciliaria.
Así fue que concentraron sus coincidencias en oponerse a Milei, sostener las PASO y aumentar las presiones a los gobernadores peronistas dialoguistas para que sus legisladores boicoteen la cancelación. “Si para que lo entiendan hay que ponerles candidaturas paralelas en cada provincia, lo haremos”, sostuvo uno de los participantes.
El éxito de esa estrategia es dudoso. El cordobés Llaryora, el misionero Passalacqua, el salteño Sáenz, el tucumano Jaldo y el catamarqueño Jalil todavía vislumbran más beneficios que perjuicios a su cercanía con la gestión libertaria. Y, salvo Jaldo, eligen mantenerse alejados del sello PJ. De hecho, no se asomaron ni enviaron representantes a la cumbre del Hotel Emperador, en Retiro.
Tampoco contribuyen a la concordia peronista las intrigas en torno a su liderazgo y candidaturas. Especialmente cuando se suma gente al baile, empezando por un envalentonado Massa, que vuelve a soñar con ser prenda de síntesis peronista presidenciable. “Somos todos nosotros contra Axel”, le escucharon decir varios interlocutores.
De ahí la necesidad de sostener las primarias para arbitrar esta competencia y que se mantengan “todos adentro”. El peronismo intuye que la única chance de ganarle a Milei en 2027 es la unidad, aunque duela. Ya sin el dedo de Cristina Kirchner, creen que la forma de articularla es a través de las PASO. También lo sabe el Gobierno.
Estas juntadas, y las que vendrán, obedecen a ese contexto, en el que el antikirchnerismo y el antimileísmo apuestan todas sus fichas a polarizar la elección presidencial.
