El dato de inflación de la Ciudad de Buenos Aires de junio, que marcó un 1,8%, fue interpretado por el economista Nau Bernués como una señal en línea con las expectativas del mercado. Para el especialista, el proceso de desaceleración de los precios vuelve a consolidarse.
El Índice de Precios al Consumidor (IPC) de la Ciudad de Buenos Aires registró en junio un incremento del 1,8%, según informó la Dirección de Estadísticas porteña. El dato fue analizado por el economista Nau Bernués, quien sostuvo que «es un buen dato en línea con lo esperado» y que «después de muchos, muchos meses que no se estaba logrando desinflar la economía, parece que se vuelve a retomar el sendero de la desinflación y se pasa ese 2% tan duro que viene siendo».
En relación con el IPC nacional de junio, Bernués consideró que se ubicará cerca de las proyecciones del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM). «Creo que va a estar más o menos en línea con el REM… no creo que haya mucho margen tampoco para sorpresas en este caso», afirmó.
Al analizar los componentes de la inflación, el economista señaló que aún existen factores de presión vinculados a las tarifas y a los combustibles. Explicó que la evolución del precio internacional del petróleo podría condicionar el valor de las naftas y recordó que «todavía hay un porcentaje ahí que hay que sincerar, ya queda poco, pero bueno, eso todavía no está resuelto en un 100%».
En contraste, destacó el comportamiento de alimentos y bebidas, uno de los rubros de mayor incidencia en el consumo de los hogares. Según indicó, «alimentos y bebidas vienen muy bien dentro de lo que es en general la inflación… probablemente veamos una recomposición del salario frente a alimentos y bebidas».
Respecto del consumo, Bernués afirmó que el incremento de la demanda de dinero no necesariamente implicará una aceleración inflacionaria, debido a que el Gobierno mantiene un estricto control sobre la emisión monetaria. Además, señaló que el consumo masivo todavía exhibe un crecimiento moderado, lo que limita la posibilidad de aumentos generalizados de precios.
De cara a los próximos meses, el economista se mostró optimista sobre la continuidad del proceso desinflacionario, aunque advirtió que el principal riesgo sigue siendo un eventual salto cambiario. «Creo que eventualmente vamos a terminar el año con una inflación más cercana al 1% si es que no pasa nada extraño», concluyó.
