En el corazón de Palermo, la rotisería «La Tana» lleva más de cuatro décadas ofreciendo platos caseros y abundantes. Fundada por una familia de origen italiano, es un emblema del barrio que creció gracias al boca a boca y la dedicación.
En la esquina de Charcas y Humboldt, en Palermo, se encuentra «La Tana», una rotisería que parece detenida en el tiempo. A la hora del almuerzo, el local se llena de oficinistas y vecinos en busca de sus platos caseros. Detrás del mostrador, la familia Ricci atiende con el mismo ritmo y dedicación desde hace más de 40 años.
Todo comenzó en 1982 en un local más pequeño, impulsado por la abuela María, quien llegó desde Calabria en 1952, y su nuera Susana. El nombre «La Tana» surgió de manera espontánea entre los clientes. Con una oferta inicial de pizzas, empanadas y pastas, todos caseros y abundantes, pronto ganaron la preferencia del barrio.
En 1986, la familia se mudó a su ubicación actual, en Charcas 5015, transformando una antigua casona en su hogar y negocio. Allí se criaron los hijos, Alejandra y Sebastián, quienes desde niños colaboraron en todas las tareas, desde pelar papas hasta atender la caja.
Alejandra, quien luego estudió gastronomía, destaca el orgullo familiar por la calidad. «Nunca hicimos publicidad. Creo que nuestra mejor publicidad es hacer las cosas bien», afirma. Aunque recibieron propuestas para expandirse, siempre prefirieron mantener el negocio familiar, donde ellos controlan cada detalle.
El menú, que incluye milanesas, tartas, pastas y un destacado tiramisú, ha evolucionado con los años, pero mantiene la obsesión por la materia prima y las porciones generosas. Hoy, con María de 95 años y sus hijos al frente, «La Tana» sigue siendo un referente de la comida casera en la ciudad.
