InicioSociedadAlberto Migré: a 75 años del nacimiento de la TV argentina, el...

Alberto Migré: a 75 años del nacimiento de la TV argentina, el autor que escribió más de 700 radioteatros y telenovelas

El sábado pasado se cumplieron 75 años del nacimiento de la televisión argentina. Alberto Migré fue autor de más de 700 historias y llevó a la pantalla chica temas considerados tabú para su época. Murió en 2006.

El sábado pasado se cumplieron 75 años del nacimiento de la televisión argentina. En ese marco, se recuerda a Alberto Migré, autor de más de 700 radioteatros y telenovelas, quien introdujo en la pantalla chica temas considerados tabú y abandonó los medios cuando sintió que ya no había lugar para él.

Migré nació en Buenos Aires en 1931 —aunque algunas fuentes consignan 1932— con el nombre de Felipe Alberto Milletari. Creció en Villa Luro y desde chico quedó fascinado por la radio. Primero quiso ser actor, pero descubrió que su lugar estaba detrás del micrófono. En una entrevista de 1974 lo explicó: “Yo quería ser actor, no autor”.

Comenzó a trabajar profesionalmente a fines de los años 40 y se formó en el radioteatro, donde fue guionista, operador y musicalizador. En 1974 describió su cuarto de trabajo como una prisión debido a la cantidad de material que debía producir y a que la televisión no le permitía esperar la inspiración.

Arturo Puig recordó que durante la grabación de Pablo en nuestra piel, Migré lo detuvo cuando dijo “vaso” en lugar de “copa”: “No, no es lo mismo, porque no tienen el mismo sonido”. Adriana Salonia contó que Migré iba a las grabaciones para controlar que se respetaran “cada palabra, cada coma y cada punto” de sus libretos. Dorys del Valle resumió esa doble personalidad: en su quinta podía ser un anfitrión afectuoso, pero en el trabajo era inflexible: “No se podía improvisar ni cambiar una coma siquiera”.

Antonio Grimau dijo que “Alberto era tremendamente celoso de sus escritos” y que con los años llegó a intervenir cada vez más en la puesta de sus programas. Arnaldo André recordó que Migré se interesaba por las familias de los actores y los recibía en su casa: “No dejaba su parte humana en la Olivetti”.

Claudio García Satur contó que Migré habló con él antes de convertirlo en protagonista de Rolando Rivas, taxista: quiso conocer su vida, sus experiencias y sus sueños. Lo eligió cuando todavía hacía un personaje de reparto y, después del primer capítulo, le anticipó: “Esto recién empieza, Claudio”. Años más tarde lo definió como “un hombre inteligente, muy culto, abierto” y “un poeta”.

María Valenzuela recordó el vínculo entre ambos como el de “padre e hija” y definió su obra: “Sus novelas tenían verdad pero también tenían alma”. Nora Cárpena señaló: “Él tenía un poder especial para meterse en las almas humanas”.

Rolando Rivas, taxista, estrenada en 1972, llevó la ficción a las calles de Buenos Aires. La política ingresó en la familia del protagonista con un hermano “guerrillero”. La historia se emitió durante la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse y cuando fue repuesta en 1979 se eliminaron esas escenas.

Sus historias incorporaron temas como aborto, secuestros, diferencias de clase, impotencia sexual, violencia de género y relaciones consideradas prohibidas. En Pablo en nuestra piel planteó el romance entre un profesor y una alumna; en Mestiza, una estudiante de medicina era discriminada por ser mujer y tener piel oscura.

En 1993, entrevistado por la investigadora Nora Mazziotti, Migré dijo: “Ponemos etiquetas, somos unos etiquetadores bárbaros”. Y defendió: “Abrir el panorama es siempre válido”.

En 1975 llegó Piel naranja, con Marilina Ross, Raúl Rossi y Arnaldo André. La historia fue acusada de inmoral y cuestionada por el clero. Migré no la modificó y le dio un final trágico: Joaquín encontraba a Clara y Juan Manuel, los mataba y después moría de un síncope. Años después explicó que ya tenía estipulado ese final y lo vinculó con el clima de represión de la época.

En una entrevista publicada por La Prensa, Migré afirmó: “Si dos no quieren, no hay amor. No tiene arreglo”. En una conversación con Susana Giménez dijo que “el éxito es una estupidez” y que “el público también a veces se equivoca”. También sostuvo: “La felicidad, contada, resulta aburridísima” y “Todo lo que es perfecto me causa horror y me despierta muchas sospechas”.

En las dos últimas décadas del siglo pasado, la televisión cambió con equipos de guionistas que reemplazaron al autor individual. Migré defendió el lugar del autor y, como presidente de Argentores, convirtió esa defensa en una cuestión profesional y política. En sus últimos años dijo: “la televisión actual no es para mí”.

Alberto Migré murió el 10 de marzo de 2006, a los 74 años, mientras dormía en su casa.

Más noticias
Noticias Relacionadas