El hombre de 45 años emplea un refugio de piedra de aproximadamente 80 años, heredado de su padrino, para pernoctar mientras controla animales en la zona de la laguna Anilcocha, a la que se accede tras cuatro o cinco horas de caminata desde Tambillo.
Narciso Cóndor, de 45 años, utiliza una cueva ubicada en el sector de la laguna Anilcocha, en los Andes peruanos, como refugio durante sus visitas a los animales de su padrino. El acceso al lugar requiere caminatas de entre cuatro y cinco horas por senderos de herradura, bordes de acantilados y áreas donde la neblina puede dificultar la orientación, según describió Cóndor.
La cueva, de aproximadamente 80 años, fue cedida por su padrino, quien la empleaba como abrigo durante sus jornadas de pesca y cuidado del ganado. Cóndor relató que su padrino le dijo: «Hijo, acá está esta cueva, es tuyo, ahora es de ti ya, yo no vivo ya acá, entonces este queda para ti». Desde entonces, regresa una o dos veces al mes para controlar a los animales y, cuando es necesario, pasar la noche.
El refugio está construido debajo de una formación rocosa. En su interior cuenta con una «bicharra», un fogón rústico de piedras, y una pequeña abertura natural que funciona como ventana y permite observar la laguna Anilcocha. Para protegerse del frío y las lluvias, Cóndor junta leña seca y la guarda bajo salientes de roca; para dormir utiliza mantas, plásticos y frazadas. «Ya traes tu plástico para te envuelves, te abrigar con tu manta todo, más tu este fresada tigre», explicó sobre su rutina nocturna.
Durante su permanencia en la cueva, Cóndor pesca truchas en ríos y lagunas cercanas. Para conseguir carnada busca gusanos entre la tierra húmeda y las piedras, y cocina el pescado sobre las piedras o en el fogón. El agua la obtiene de «puquiales», manantiales que emergen entre las rocas, o de filtraciones naturales; en situaciones de necesidad, puede aprovechar el agua acumulada en musgos húmedos.
La vegetación del lugar forma parte de su vida cotidiana: recoge muña silvestre para preparar infusiones que, según la tradición que describe, alivian el dolor de estómago y la gastritis, e identifica papas nativas ancestrales que crecen de manera silvestre. Sobre las truchas, señaló que varían de tamaño según el lugar de pesca: «De ríos son pequeños, no es como la laguna. En la laguna son promedio de medio kilo, un kilo, tres kilos».
Cóndor también mencionó que el clima en la montaña puede cambiar bruscamente, con lluvias intensas o neblina que dificultan el tránsito. El riesgo de extraviarse es una de las principales dificultades: «Sí tiene que guiarse, hay veces se conjunta el camino, puede quedarse por ahí, se puede extraviar y no sabe dónde ir», completó.
