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Digital News Report 2026: 62% de las personas consultadas manifiesta preocupación por la desinformación en internet

Según el informe, el 54% de los encuestados en 48 países accede a noticias online a través de redes sociales y plataformas de video. En Argentina, la confianza general en las noticias cayó al 26%, el nivel más bajo de la última década.

El Digital News Report 2026 indica que el 54% de las personas consultadas en 48 países accede a noticias online a través de redes sociales y plataformas de video. El mismo informe señala que el 62% de los encuestados manifiesta preocupación por la desinformación en internet, cuatro puntos porcentuales más que el año anterior. En la Argentina, la confianza general en las noticias se ubicó en 26%, el nivel más bajo de la última década y por debajo del promedio global del informe.

El documento describe un escenario en el que circula más información de la que es posible analizar, llega por caminos diversos y hay menos referencias compartidas para evaluarla. Ante esto, el texto plantea una serie de preguntas que una persona puede formularse antes de reenviar un contenido: quién lo dice, quién lo envió y cómo llegó hasta esa persona, qué pruebas ofrece, cuándo ocurrió y si algún medio, creador de contenido, periodista, especialista o institución de confianza también lo publicó.

El informe sostiene que la desinformación aprovecha la velocidad, las emociones y la confianza. Un mensaje enviado por alguien cercano puede parecer más creíble aunque esa persona tampoco conozca su origen. Una publicación con miles de reacciones puede transmitir una sensación de consenso. Una imagen prolija o una voz convincente pueden simular autoridad. Con la inteligencia artificial generativa, la fabricación de rostros, declaraciones y escenas cada vez más difíciles de reconocer a simple vista es parte de la cotidianeidad, según el texto.

El documento también menciona que desconfiar de todo no ayuda, porque cuando cualquier afirmación parece igualmente dudosa, todo queda en el mismo plano. Una investigación que identifica sus fuentes y explica cómo llegó a sus conclusiones ofrece elementos de evaluación que una afirmación anónima no proporciona, señala.

Respecto de las responsabilidades, el texto indica que quien fabrica una falsedad, quien obtiene un beneficio con ella, la plataforma que la amplifica y la persona que la reenvía de buena fe tienen responsabilidades diferentes. Agrega que los algoritmos no premian la verdad sino que consagran emociones, enojos y polarizaciones. Aun así, sostiene que cada persona puede interrumpir una parte de ese recorrido y que una pregunta a tiempo puede cortar una cadena antes de que llegue a cientos de pantallas.

El informe menciona que la Alfabetización Mediática e Informacional (AMI) busca desarrollar capacidades para acceder a la información, analizarla, evaluar sus fuentes, comprender cómo circula y decidir responsablemente qué hacer con ella. En ese marco, una investigación impulsada por Chequeado y realizada por un equipo independiente aporta elementos: los participantes clasificaron correctamente, en promedio, el 65,1% de los titulares sobre salud presentados en el estudio. La alfabetización mediática y la alfabetización en salud estuvieron entre las variables asociadas con un mejor desempeño. El estudio encontró que el error más frecuente fue rechazar información verdadera.

El texto señala que la escuela puede tener un lugar decisivo en este proceso, especialmente para los jóvenes, que construyen buena parte de su experiencia informativa en redes sociales, plataformas de video, streamings y, cada vez más, herramientas de inteligencia artificial. Analizar una fuente, reconstruir el origen de una imagen, comparar titulares o identificar qué emoción intenta provocar un video son ejercicios que conectan los contenidos escolares con situaciones cotidianas, según el documento. La tarea también involucra a las familias, los medios, las universidades, las bibliotecas, el Estado y las organizaciones de la sociedad civil, añade.

El informe concluye que hacerse una pregunta antes de compartir puede parecer un gesto mínimo, pero cuando esa pausa se vuelve un hábito compartido, puede transformar la manera en que circula la información y mejorar la conversación pública.

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