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Kerry Burnight, gerontóloga: los cuatro hábitos que aplicó con su madre de 96 años

La especialista estadounidense en envejecimiento describió las prácticas que su madre incorporó durante dos décadas y que, según afirmó, incidieron en su bienestar actual.

La gerontóloga estadounidense Kerry Burnight, especializada en envejecimiento, declaró que aplicó durante dos décadas con su madre, Betty, de 96 años, los hallazgos de sus investigaciones sobre los factores que favorecen el bienestar durante la vejez. En una entrevista con la revista TIME, Burnight sostuvo: “Mi madre empezó a practicar estas ideas hace 20 años y he visto cómo cambiaban el rumbo de su vida”.

Según el relato de la especialista, entre las prácticas que compartió con su madre se encontraba la de continuar aprendiendo y desarrollando nuevas habilidades para estimular la mente. Burnight aclaró que no atribuye todo el mérito a su intervención: “Betty también tomó sus propias decisiones y participó activamente en ese proceso”, afirmó.

De acuerdo con la información difundida, a los 96 años Betty vive sola, conserva su lucidez y mantiene reuniones con amigos. Su recorrido incluye problemas cardíacos, reemplazos de rodilla, una bancarrota y la pérdida de su esposo. La gerontóloga afirmó que su madre mantiene el sentido del humor y el interés por los demás.

“Siempre me preguntan cuál es el secreto de Betty. Mi madre tiene 96 años, vive sola, conserva intacta su lucidez, se ríe a carcajadas con sus amigos y nunca olvida un cumpleaños ni una tarjeta de condolencias”, explicó Burnight. Y agregó: “Su secreto no es tener una salud perfecta ni vivir sin dificultades. En realidad, no es ningún secreto: es ciencia”.

Los cuatro hábitos para favorecer la longevidad

A partir de sus investigaciones, Burnight desarrolló el concepto joyspan, que pone el foco en la calidad de vida y el bienestar durante los años de longevidad. En su libro Joyspan: The Art and Science of Thriving in Life’s Second Half, propone cuatro pilares: crecer, conectar, adaptarse y dar.

  1. Crecer: seguir aprendiendo. Burnight le explicaba a su madre que incorporar conocimientos y desarrollar nuevas habilidades podía mantener su mente estimulada. Aprender algo diferente, explorar un pasatiempo o animarse a nuevas experiencias ayuda a conservar la curiosidad y a encontrar intereses en distintas etapas de la vida.
  2. Conectar: fortalecer los vínculos. Mantener las amistades, compartir momentos con familiares y conocer gente nueva son prácticas centrales de su propuesta. La experiencia de Betty refleja la importancia de conservar una vida social activa y encontrar espacios para disfrutar de la compañía de otras personas.
  3. Adaptarse: afrontar las dificultades. Las enfermedades, las pérdidas y los cambios forman parte del envejecimiento. Burnight propone reconocer esas situaciones, atravesar las emociones que generan y buscar nuevas maneras de seguir adelante. Adaptarse no significa negar el dolor, sino aprender a convivir con las transformaciones.
  4. Dar: encontrar un propósito. Ayudar, escuchar y acompañar a los demás permite fortalecer las relaciones y mantener una conexión con el entorno. Los gestos cotidianos de generosidad también pueden aportar satisfacción y sentido a la vida.

La experiencia de Betty llevó a Burnight a defender una idea central: la longevidad plena no depende únicamente de la genética o de la salud física. También se construye mediante decisiones cotidianas que favorecen el aprendizaje, los vínculos y la capacidad de adaptarse a las distintas etapas de la vida.

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