La empresa fundada por Armando Aguirre en 1994 comenzó importando el conservante Niacina y desde 2000 produce en una planta propia en Barracas. Hoy elabora 250 productos para 220 clientes y prevé facturar 4 millones de dólares este año.
En 1994 el ingeniero industrial Armando Aguirre, por entonces cerca de sus 40 años y con casi dos décadas de trayectoria en la industria alimenticia, inició un emprendimiento personal con la importación de ingredientes para la elaboración de alimentos, que llamó AMG. Comenzó con dos clientes y un producto principal: el conservante biológico Niacina, que trajo al país y con el cual comenzó a abastecer a Mastellone y Sancor.
“Ahora la Niacina es el conservante número uno y lo usa toda la industria láctea a nivel mundial. Hace 30 años había un solo fabricante mundial. Hoy hay diez”, cuenta hoy su hijo Ignacio.
Para el año 2000 el fundador pasó de importador a industrial: encaró la construcción de una planta industrial propia en el barrio de Barracas, que desde entonces produce insumos para la industria de alimentos y bebidas, tanto productos con licencia del exterior como desarrollos propios.
“Es un desarrollo B2B, nosotros no fabricamos los productos de consumo masivo, sino que proveemos a las alimenticias”, agregó su hijo, hoy al frente de la empresa familiar, que ya pasó sus primeras tres décadas y su primer recambio generacional. Su padre Armando continúa como consejero pero alejado del día a día.
“Para el año que viene, en base a lo que se está desarrollando hoy a nivel mundial, vamos a estar en no menos de 20 a 30 nuevos lanzamientos de productos. En algunos casos ya están en el mercado, como una línea de Bimbo a quienes ayudamos a desarrollar un producto con proteína, que es lo nuevo que está pidiendo el mercado”, agregó Aguirre. En la planta de Barracas trabajan 20 personas.
“La fábrica propia nos dio otra dimensión de negocio, porque a partir de ahí pudimos empezar a hacer productos propios y mezclas de componentes en polvo que la industria necesitaba. En aquel momento desarrollamos productos que son hoy se siguen usando como el flow, un antiapelmazantes para el queso rallado que se vende en bolsas”, detalló.
Otra línea de productos que se empezó a fabricar en esa planta son premezcla para fortificación. “Las premezclas de fortificación nos dieron un impulso muy importante para incorporar productos dentro de alimentos nuevos, como por ejemplo bebidas fortificadas, panificados, leches fortificadas. Y esos productos los empezamos a fabricar nosotros” detalló Aguirre, uno de los tres hijos del fundador, de profesión Administrador de Empresas. La facturación prevista de AMG para este año ronda los 4 millones de dólares.
-¿Cómo son los desarrollos de estos ingredientes? ¿Hasta donde llegan ustedes como proveedores y donde comienza la tarea de la empresa alimenticia?
-Cuando comenzamos a fabricar premezclas a partir de esta necesidad de producir alimentos fortificados por parte de las empresas, para incorporar vitaminas y minerales. Nosotros los asesoramos, fabricábamos esta premezcla, por ejemplo con cinco vitaminas y cinco minerales, o bien con diez vitaminas. Nuestra tarea es esa parte compleja de desarrollo de las mezclas.
Otra pata clave del negocio, desde los inicios, fue como proveedores de soluciones para las bodegas. «Trabajamos mucho con la industria del vino desde 2002, fue para nosotros un hito importante a partir de un desarrollo de mi padre y hoy ese sector representa 30% de nuestra facturación. Un dato importante porque hoy el sector vitivinícola no está pasando un buen momento y estamos enfocados en llevar productos nuevos, tendencias que van apareciendo en el mundo».
La fábrica de AMG en Barracas tuvo su propio recorrido, con certificaciones generales de calidad tipo ISO (2013), luego con certificados más específicos (FSSC 22000) y con una renovación de toda la maquinaria en 2022. Para este año la empresa apunta a una facturación de 4 millones de dólares.
“Pusimos máquinas de alta tecnología para reducir tiempos, para usar menos agua. Certificamos la planta con FSC 22000, que fue muy importante porque es la certificación de calidad más importante que hay a nivel mundial. La FSSC 22000 certifica directamente a la calidad de lo que uno produce y la seguridad de que el producto tiene que tener para luego ser integrado en un producto de consumo masivo. Y eso nos permitió también trabajar con empresas grandes, porque ya las empresas grandes habían certificado esa norma y necesitaban obligatoriamente que el proveedor también la tuviera certifica. Y para 2017 no había tantas empresas en la Argentina con esa certificación”.
Hoy la empresa elabora 250 productos que vende a 220 clientes. «Trabajamos en todos los mercados de la alimentación, desde lácteos, panificados, cárnicos, snacks, bebidas. Seguimos produciendo conservantes, porque ese fue el origen de nuestra empresa, pero nos estamos enfocando hacia lo que se denominan productos «funcionales», como la proteína, que es lo que el mercado está buscando. Ahí hay una oportunidad muy grande».
Esa nueva veta del negocio tuvo su propio proceso. A comienzos de la década pasada, la empresa de los Aguirre se asoció con la fabricante china de levaduras Angel Yeast, que cotiza en la bolsa de Shangai. «El año pasado lanzaron una proteína a nivel mundial proveniente de la fermentación, un ingrediente con una función específica como en este caso proveer de proteína al consumidor que es un boom. De ahí que todas las empresas de alimentos están formulando hoy sus productos para encontrar cada vez más proteínas».
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