La escritora y orientadora familiar española Rosa Pich-Aguilera Roca, madre de 15 hijos, detalló en una entrevista con El Español la organización de compras y tareas en su hogar. La familia, que llegó a estar compuesta por 17 miembros, requería una planificación estricta para cubrir sus necesidades.
Las familias hipernumerosas están obligadas a una organización y sistematización de las tareas tan minuciosa que en otros hogares sería impensada.
Un claro ejemplo es el de Rosa Pich-Aguilera Roca, escritora española y orientadora familiar. Junto a su marido, José María Postigo, quien falleció en 2017, tuvieron 18 hijos, tres de los cuales murieron por cardiopatías congénitas a una edad muy temprana. Con lo cual, conformó una familia de 15 hijos.
Ella siempre había deseado una prole inmensa y su deseo se cumplió con creces. Además, para Rosa, esta realidad no era extraña. Su padre es Rafael Pich-Aguilera, un pionero en la orientación familiar en España, y ella misma es la octava de dieciséis hermanos.
Compras por mayor
Con respecto a su método de planificación, uno de los puntos clave, como cuenta la nota de El Español, es un detalle pormenorizado de las compras. Algo que tal vez aprendió en su familia de origen.
De más está decir que, en tiempos en que convivían los 17, llenar un carrito de supermercado resultaba más que insuficiente. Por otra parte, por una cuestión de presupuesto, era imprescindible tener un método y un estricto control de gastos.
Un ejemplo de la canasta semanal para el grupo completo -ya que ahora hay varios independizados-: siete docenas de huevos, unas 1.300 galletitas y 240 litros de leche.
A estas cantidades había que sumar otros alimentos básicos y, aproximadamente, 12 barras de pan cada día. Lo cual implica hoy, según el cálculo de Rosa, 600 euros mensuales.
Para no alejarse de esa cifra, la familia elegía productos de marca blanca y prescindía de ítems suntuarios o elecciones por impulso. Las gaseosas o dulces, por ejemplo, quedaban reservados estrictamente para momentos especiales.
La fruta era un ítem aparte. La costumbre de los Postigo era acudir a un comercio del barrio y elegir productos de temporada, en especial aquellos que se encontraran por debajo de un euro el kilo. Esto los llevaba a aprovechar precios bajos, sin renunciar a una alimentación variada y nutritiva.
Un trabajo en equipo
Esta no era la única particularidad de la familia. Otra de las singularidades es que contaban con una organización muy minuciosa y con las tareas distribuidas con mucha claridad.
«Cada uno debe aportar lo suyo y contribuir al funcionamiento colectivo», aconseja Rosa para estos casos. Esta lista incluye desde preparar las comidas hasta mantener la casa en orden y limpia.
La propia Rosa reconoce que la convivencia entre todos «no siempre es sencilla». Sin embargo, esa dificultad también se convierte en una oportunidad para aprender a compartir espacios, responsabilidades y decisiones.
Cómo es el día a día de los Postigo
La cotidianeidad en la casa de Rosa cambió. Su marido murió en 2017, sus hijos comenzaron a independizarse y ya es abuela.
Ahora, siguiendo la nota de El Español, aunque no todos viven bajo el mismo techo, el vínculo permanece y las reuniones familiares son un programa infaltable. También hacen algunos viajes cercanos que acuerdan con mucha anticipación.
