Una investigación publicada en la revista Global Challenges evaluó la capacidad de distintos países para enfrentar una catástrofe global y ubicó a Argentina en el quinto lugar entre las naciones con condiciones más favorables.
Un estudio científico sobre la capacidad de distintos países para resistir una catástrofe global ubicó a Argentina entre las naciones con condiciones favorables para enfrentar escenarios extremos. La investigación revisó riesgos como una guerra nuclear, el impacto de un asteroide, grandes erupciones volcánicas, pandemias, tormentas geomagnéticas, ciberataques masivos y otros eventos capaces de alterar la producción de alimentos y el funcionamiento de la infraestructura.
El trabajo, publicado en la revista Global Challenges, advierte que no existe ningún lugar completamente protegido frente a todos los riesgos analizados. Sin embargo, la evidencia revisada permitió identificar países con una mayor capacidad de respuesta ante una amplia variedad de escenarios.
Australia fue el país que mostró la mayor resiliencia general dentro de la investigación. Nueva Zelanda, Japón, Suiza y Argentina completan el grupo de cinco países que reúnen más condiciones favorables para afrontar una catástrofe global, aunque todos presentan vulnerabilidades específicas.
Los investigadores evaluaron factores como el aislamiento geográfico, la capacidad de producir alimentos, la base industrial, la calidad de las instituciones, el nivel de desigualdad y la posibilidad de mantener funciones esenciales después de una crisis de alcance mundial.
La conclusión central del estudio es que la preparación ante un desastre global no depende de un único factor. La ubicación puede ofrecer ventajas frente a determinados peligros y, al mismo tiempo, generar nuevas vulnerabilidades en otros escenarios.
Por qué Argentina aparece entre los países con mejores condiciones
Según el estudio, Argentina ocupa el quinto lugar entre los países con mejores condiciones para resistir una catástrofe global. Su ubicación en el hemisferio sur y su capacidad para producir grandes cantidades de alimentos son algunos de los factores que explican su presencia en ese grupo.
La investigación también destaca a otros países del hemisferio sur, como Brasil y Nueva Zelanda, por sus condiciones para enfrentar escenarios que afecten la producción agrícola a escala mundial. La posibilidad de mantener la actividad alimentaria o adaptar los cultivos puede resultar determinante ante una crisis de alcance global.
Argentina y Brasil obtienen resultados favorables en variables relacionadas con la disponibilidad de alimentos, la superficie y la capacidad productiva. Sin embargo, los investigadores también advierten sobre factores que pueden reducir esa capacidad de respuesta, como los altos niveles de desigualdad y la inestabilidad política histórica.
Los autores aclaran que la resiliencia frente a una catástrofe global no depende únicamente de los recursos naturales. Una crisis de estas características también pondría bajo presión las redes de transporte, el suministro energético, las comunicaciones, la industria y la capacidad estatal para mantener los servicios esenciales.
Cuáles son los países más seguros ante una posible catástrofe global
Australia fue el país que mostró mayor capacidad de resistencia frente a la variedad de riesgos incluidos en la investigación. Su condición insular, su producción de alimentos, sus recursos minerales, su actividad industrial y manufacturera, su distancia de zonas de conflicto y sus características institucionales forman parte de las razones señaladas por los autores.
El investigador Florian Ulrich Jehn, de la Universidad de Hagen y autor principal del trabajo, resumió algunas de esas ventajas: «Australia produce muchos alimentos, está lejos de las zonas de conflicto, está rodeada por un vasto océano que amortigua la temperatura, todavía cuenta con minas, industria y manufactura, mucho espacio para reutilizar y, además, buena gobernanza y una desigualdad relativamente baja».
Aun así, el propio estudio descarta la posibilidad de una autosuficiencia absoluta. Jehn advirtió que «Australia sale mejor parada, pero incluso Australia probablemente tenga que depender de muchos bienes comercializados». La dependencia de las cadenas internacionales sigue siendo una vulnerabilidad incluso para los países mejor posicionados.
Nueva Zelanda, Japón, Suiza y Argentina también fueron mencionados como territorios con características favorables. Australia, Nueva Zelanda y Japón son los únicos países para los que el estudio encontró evidencia de resiliencia en las tres grandes categorías de riesgos consideradas, aunque Australia fue el único que apareció de forma directa en las tres.
Las amenazas analizadas en una posible catástrofe global
Los autores agruparon las amenazas en tres grandes categorías. Una de ellas son los escenarios de reducción abrupta de la luz solar, que podrían producirse después de una gran erupción volcánica, un invierno nuclear o el impacto de un objeto espacial. La disminución de la radiación solar podría provocar descensos de temperatura y afectar de manera directa la agricultura mundial.
La segunda categoría corresponde a una pérdida catastrófica global de infraestructura, con posibles interrupciones masivas de los sistemas eléctricos, el transporte y la producción de alimentos. Entre las amenazas consideradas aparecen las tormentas geomagnéticas provocadas por actividad solar extrema, los pulsos electromagnéticos y los ciberataques a gran escala.
La tercera incluye los riesgos biológicos catastróficos globales, capaces de provocar una elevada cantidad de víctimas y alteraciones en distintos continentes.
La condición insular de Australia, por ejemplo, puede facilitar el aislamiento frente a una pandemia, pero también aumentar la exposición a problemas en las cadenas internacionales de suministro y a la escasez de combustibles. El estudio señala que este tipo de compensaciones se repite entre los distintos países y que ninguna ventaja funciona de la misma manera ante todos los escenarios.
Nueva Zelanda, Japón y Argentina cuentan además con extensas zonas costeras y podrían estar expuestos a tsunamis en caso de impactos de asteroides. Suiza aparece con menos exposición a algunas amenazas geográficas, aunque presenta otras limitaciones vinculadas con su ubicación y sus necesidades de abastecimiento.
La revisión también menciona a Uruguay y Chile entre los países con características que podrían favorecer la resiliencia. Uruguay combina una posición en el hemisferio sur, capacidad de producción de alimentos y altos indicadores institucionales, aunque su menor población limita el tamaño de su base industrial. Chile ofrece diversidad climática y posibilidades vinculadas a su extensa costa, pero enfrenta volcanes activos y una elevada dependencia del comercio y de determinadas actividades productivas.
El estudio concluye que la mayor capacidad para resistir una catástrofe global requeriría inversiones en preparación, seguridad alimentaria y planificación de riesgos, además de acuerdos internacionales que permitan mantener la cooperación durante una crisis. La investigación es clara en ese punto y asegura que ningún país está preparado para todos los escenarios y la resiliencia depende tanto de las condiciones internas como de la posibilidad de sostener vínculos con el resto del mundo.
