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El gobierno de Javier Milei a dos años y ocho meses: logros, límites y desafíos pendientes

A dos años y ocho meses de gestión, el gobierno de Javier Milei presenta superávit fiscal y comercial, pero persisten interrogantes sobre la reconstrucción de la moneda, la productividad y la confianza. El análisis detalla los avances y las cuentas pendientes.

El gobierno de Javier Milei, a dos años y ocho meses de gestión, presenta un balance con logros y limitaciones. Entre los primeros, se destaca la ruptura de inercias y la reinstalación de la disciplina fiscal, aunque con mecanismos de licuación más que de ajuste estructural. Entre las limitaciones, se observa que la construcción de una economía normal aún no se materializa y no hay una hoja de ruta clara para lograrlo.

En el plano económico, la administración se ha concentrado en tres ejes: el superávit fiscal, logrado mediante la licuación masiva del gasto en 2024; el pago de la deuda en dólares con financiamiento externo y en pesos con nueva deuda; y la gestión del mercado cambiario, con compras y ventas de dólares en distintos períodos. Las reservas internacionales suben poco y siguen siendo negativas, aunque menos que las heredadas. La principal razón es que la dolarización de los argentinos absorbe el superávit comercial, que proviene de importaciones reducidas y exportaciones récord en sectores como Vaca Muerta, minería y campo.

La oferta neta de dólares ha permitido evitar crisis cambiarias como las de 2014, 2018, 2022 y 2025, pero no resuelve el problema de fondo. El país tiene simultáneamente superávit fiscal y comercial, una oportunidad que podría evitar una crisis financiera, pero conformarse con eso sería un error, según el análisis.

En el plano político, el gobierno se enfoca en la ingeniería electoral para la reelección, con propuestas como suspender o eliminar las PASO y permitir colectoras en las listas que encabece el presidente. Estas medidas contrastan con la ortodoxia que el gobierno aplica en economía.

Entre las preguntas pendientes, se enumeran: cómo recuperar la moneda, cómo mejorar la productividad, cómo volver a generar movilidad social, cómo corregir la regresividad del modelo, cómo mejorar la distribución sin interferir la inversión, cómo integrar a los sectores rezagados y cómo crear instituciones que rindan cuentas.

La confianza es un factor central. Sin confianza no hay moneda, sin moneda no hay crédito, sin crédito e inversión no hay productividad, y sin productividad es difícil mejorar salarios y distribución. La etapa posterior a “patear el hormiguero” no ha aparecido, y la idea de que “la macro anda bien y falta la micro” es considerada equivocada, porque la macro no está resuelta.

La estabilidad bien entendida aún está lejos, y no es el punto de llegada sino la plataforma para que la sociedad crezca y confíe. El gobierno acumula poder de fuego con swaps o reservas que no existen, según el análisis, para enfrentar un año electoral, pero eso no constituye un programa.

La persistencia de la alta dolarización expresa dudas sobre la reconstrucción futura y la hoja de ruta. El desafío no es volver atrás ni encontrar un punto medio entre populismo y dogmatismo, sino superarlos. Disciplina fiscal, moneda, productividad, inversión, progreso social, instituciones, confianza y cohesión social son partes de una misma economía normal.

Milei tuvo el mérito histórico de patear el hormiguero, pero la oportunidad mayor es construir después de haberlo hecho.

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