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El íbice de los Alpes pasó de 100 a 50.000 ejemplares, pero su diversidad genética sigue en riesgo

La recuperación demográfica del íbice de los Alpes es considerada un hito en conservación. Sin embargo, un estudio reciente advierte que la baja diversidad genética y la endogamia persisten en las poblaciones reintroducidas.

El íbice de los Alpes, una especie de cabra salvaje que habitaba las montañas europeas, estuvo al borde de la extinción a comienzos del siglo XX. En ese momento, quedaban alrededor de 100 ejemplares concentrados en una única población del Gran Paradiso, en el norte de Italia.

Mediante programas de protección, cría en cautiverio y reintroducción, la especie logró recuperarse. Hoy se estima que existen unos 50.000 ejemplares distribuidos en seis países: Italia, Suiza, Francia, Austria, Alemania y Eslovenia.

Un estudio publicado en Evolutionary Applications analizó más de 100.000 marcadores genéticos en ejemplares de íbice y otras especies relacionadas. Los resultados indicaron que las poblaciones reintroducidas presentan niveles de diversidad genética inferiores a los de la población original del Gran Paradiso.

Además, los investigadores detectaron señales de endogamia, es decir, reproducción entre individuos con parentesco cercano. Este fenómeno se originó por la propia estrategia de reintroducción, que utilizaba un número limitado de animales para fundar nuevas poblaciones.

La recuperación demográfica fue notable: la especie pasó de unos 100 ejemplares a cerca de 50.000. No obstante, la diversidad genética sigue siendo excepcionalmente baja en comparación con otras especies de cabras salvajes relacionadas.

Los expertos señalan que una menor diversidad genética puede reducir la capacidad de adaptación a enfermedades, cambios ambientales u otras amenazas. Por eso, recomiendan que las futuras reintroducciones utilicen animales de diferentes orígenes para aumentar la diversidad y reducir los riesgos de endogamia.

El caso del íbice demuestra que el éxito de un programa de conservación no debe medirse únicamente por el número de ejemplares, sino también por la salud genética de la población.

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