A 40 kilómetros de Viedma, en el Valle Inferior de Río Negro, un establecimiento agropecuario de 1.000 hectáreas irrigadas produce maíz, ganadería de ciclo completo, girasol para semilla, remolacha forrajera, alfalfa para rollo y semilla, y cebolla por aparcería. La gestión está a cargo de Daniel García, ingeniero zootecnista de 35 años.
A 40 kilómetros de Viedma, en la zona de regadío del Valle Inferior de Río Negro, un establecimiento agropecuario se dedica a la producción de maíz, ganadería de ciclo completo, girasol para semilla, remolacha forrajera, alfalfa para rollo y semilla, y cebolla por aparcería. Las actividades se desarrollan sobre 1.000 hectáreas irrigadas, bajo la gerencia de Daniel García, ingeniero zootecnista de 35 años.
En esa zona de Río Negro, las lluvias aportan 300 milímetros de agua al año, por lo que la producción depende del riego suministrado por el Instituto de Desarrollo del Valle Inferior (IDEVI) de la provincia.
Daniel García es socio y gerente en los campos de Viedma de las empresas Rent a Bull, que alquila entre 700 y 1.000 toros al año, y Dos de Enero, dedicada a la producción agrícola ganadera. Ambas firmas tienen operaciones en distintas localidades de Buenos Aires.
En el valle se probaron distintas alternativas hasta definir la combinación de actividades. El maíz (grano y silo), la remolacha forrajera y la alfalfa (pastura y rollos) se utilizan para alimentar al ganado, mayoritariamente Angus negro y colorado. Este año se alcanzaron 400 vientres preñados. Los terneros obtenidos irán a recría y, por primera vez, se terminarán a corral. «De esta forma, transformamos los mismos recursos que producimos en el campo en kilos de carne», declaró García.
Además, se producen por contrato semillas de girasol para una empresa multinacional y de alfalfa para una compañía argentina. También se produce cebolla por aparcería. Todo se realiza bajo riego por manto.
Avellano, una apuesta para diversificar
En 2019, con el fin de diversificar la producción y maximizar la rentabilidad por hectárea, la empresa decidió incorporar avellanas en unas pocas hectáreas. En el Valle Inferior de Río Negro se concentra el 90% de las 700 hectáreas plantadas en la provincia, lo que representa el 95% de lo cultivado en el país, según informó el secretario de Fruticultura provincial, Facundo Fernández. La región cuenta con disponibilidad de agua para riego, clima y suelos acordes a las necesidades de la especie. En 2022, la empresa comenzó el proyecto de plantación de avellanos a mayor escala.
Actualmente, el establecimiento tiene 61 hectáreas implantadas con avellanos. Este año comenzarán a instalar el sistema de riego por goteo para una parte de la plantación. «El riego por goteo te permite ser más eficiente en el uso del agua, mejorar la nutrición de la planta y del suelo, y lograr rendimientos más estables entre años», explicó García.
Las plantas son provistas por un vivero local perteneciente a la firma Ferrero Rocher, el mayor productor y principal comprador de avellana de la región. Las variedades más utilizadas son Giffoni y Barcelona; también Noccione, Romana y Mortarella.
La mayoría de los productores de la zona plantan en un marco de 5 x 4 metros. Daniel García utiliza un diseño de 5 x 3 o 5 x 2,5 metros. «Se prepara el suelo, hacemos labores de subsolado y de cincelado, buscando descompactar a la mayor profundidad posible el suelo, luego se rastrea, se arma un camisón sobre el cual se coloca la planta», detalló.
«Como las plantas que compramos vienen desde el vivero a raíz desnuda, el mejor momento para implantarlas es en invierno», señaló. En la zona de alcance del IDEVI, el agua para riego está disponible desde agosto hasta abril. «La plantación se realiza en julio con un riego de asiento y luego en agosto se arranca a regar por manto», agregó.
La tierra se fertiliza con nitrógeno y fósforo. También se lleva adelante un plan integral de fertilización foliar que, mediante análisis de laboratorio de las hojas en determinados momentos del ciclo, busca ajustar los micronutrientes (hierro, boro y zinc). Además se utilizan promotores del cuajado.
«Esperamos que las plantas empiecen a producir a partir del año cuatro, pero los mayores rindes se obtendrían en el año seis o siete», indicó García. Todavía no hubo cosecha comercial; se concretará en la próxima recolección, en marzo. En su modelo de alta densidad y manejo intensivo, el ingeniero apunta a rendimientos de 3.000 kilos o más, de manera constante en el tiempo. «Ya hay productores en la zona y también en Chile que han obtenido 4.000 kilos, pero con mucha variabilidad en los distintos años», aclaró.
En la zona no hay plagas o enfermedades que perjudiquen seriamente a las plantaciones. No obstante, se realizan controles para pulgones, arañuelas y cochinillas. En diciembre y enero, por la alta radiación solar, se recurre a pulverizaciones con protectores solares para reducir el estrés térmico. Las heladas tardías pueden causar daños, por lo que se utiliza el riego previo a su ocurrencia para que el descongelamiento sea más lento.
La cosecha de los avellanos se realiza desde fines de febrero, mayormente en marzo, de forma manual al comienzo y mecanizada en los años posteriores. El principal comprador es la empresa Ferrero Rocher y, en menor medida, productores que venden a chocolaterías. «La principal limitante es la escala, porque lo que ellos necesitan son entregas mensuales de cierta cantidad y, por lo general, no se llega a cumplir con esos volúmenes», indicó el ingeniero.
Argentina consume más avellanas de lo que produce. Gran parte de lo cosechado en el país va al mercado interno y algo se vende al exterior. «Principalmente exporta Ferrero, que todo lo que produce y todo lo que compra, lo envía a sus plantas de Chile», señaló García.
Entre los desafíos para la expansión del cultivo de avellanos y la obtención de mayores rindes, según el ingeniero, se encuentra aprender a hacer un mejor manejo que permita tener producciones estables en el tiempo. Otra limitante es la falta de la figura del contratista proveedor de servicios, lo que obliga a cada productor a tener todas las herramientas y máquinas necesarias para las labores, lo que representa un costo fijo importante para las empresas agropecuarias.
