Los anticonceptivos, en especial las pastillas hormonales, son medicamentos que actúan sobre distintos sistemas del cuerpo y no deben ser tomados sin indicación profesional. Especialistas advierten sobre la falta de información y la necesidad de acompañarlos con preservativo para prevenir infecciones de transmisión sexual.
Una de las ideas más comunes entre las mujeres en edad reproductiva que han iniciado relaciones heterosexuales o bisexuales es que deben usar pastillas anticonceptivas para evitar un embarazo. Sin embargo, existen varios tipos de anticonceptivos, clasificados en métodos de barrera (preservativo), hormonales (pastillas con estrógenos y progestágenos o solo progesterona, inyectables, parches, anillos vaginales, implantes intradérmicos), mecánicos (dispositivo intrauterino o sistema hormonal intrauterino) y quirúrgicos (ligadura tubaria y vasectomía).
El anticonceptivo hormonal de emergencia, la esponja vaginal y los espermicidas son de venta libre en farmacias. La esponja requiere permanecer 6 horas en su lugar para cumplir su función espermicida.
Existen también los LARCS (anticonceptivos de larga duración): implantes subdérmicos de 3 a 5 años, sistema intrauterino con progesterona de 5 a 8-9 años, e inyecciones trimestrales. Los SARCS (de corta duración) incluyen pastillas, anillo, parches e inyectables mensuales.
Las pastillas anticonceptivas son el método más conocido y utilizado por adolescentes y mujeres en general, pero con frecuencia no son tomadas como medicación. Esto lleva a que las pacientes piensen que pueden usar cualquier pastilla en cualquier momento, y que cualquier persona (desde un farmacéutico hasta una amiga) pueda recomendarlas.
El problema radica en la poca información de quienes las solicitan o reciben, la falta de acceso y los mitos asociados. Las pastillas anticonceptivas contienen hormonas: estrógenos y progesterona, o solo progesterona, con distintas concentraciones y tipos. Existen pastillas solo de progesterona, indicadas para mujeres con patologías que contraindican el uso de estrógenos.
Las hormonas actúan sobre el sistema reproductor impidiendo la unión del óvulo y el espermatozoide (evitando la liberación del óvulo, acidificando el pH vaginal o alterando la motilidad de las trompas). También afectan los vasos sanguíneos, mamas, cerebro, factores de coagulación, grasa corporal, piel y cabello. No impiden la adquisición de infecciones de transmisión sexual.
Los anticonceptivos hormonales son seguros si los indica un médico, luego de conocer los antecedentes familiares y personales de la paciente y de medir la tensión arterial. Es importante que los profesionales, tras informar sobre la variedad de métodos, escuchen la preferencia de la paciente y elijan la mejor opción en conjunto.
Las pacientes deben conocer los pros y contras de cada método, cómo se utilizan, cómo actúan y los síntomas que pueden experimentar al inicio. Es necesario que regresen a la consulta para evaluar su tolerancia, el uso concomitante de preservativos, síntomas como vómitos, diarrea o dolor de cabeza, y la frecuencia de olvidos en la toma, ya que esto puede indicar que el método no es adecuado.
Cualquier método anticonceptivo debe acompañarse con un método de barrera (preservativo) para evitar enfermedades de transmisión sexual.
Razones por las que las pastillas anticonceptivas requieren prescripción y seguimiento médico:
- Son medicamentos.
- No todas las pastillas son iguales.
- No todas las personas pueden usar anticonceptivos hormonales.
- Si la paciente fuma, no debe usar anticonceptivos hormonales.
- Deben ser recomendadas y evaluadas por un médico.
- Siempre deben usarse junto con preservativo para prevenir infecciones de transmisión sexual y embarazo no deseado.
- Algunos antibióticos, vómitos, diarrea u olvidos en la toma pueden afectar su eficacia; la consulta médica es imprescindible.
