La Copa del Mundo de fútbol 2026 evidenció la circulación de contenidos falsos y engañosos en redes sociales, aprovechando la atención pública y las emociones generadas por el evento.
La Copa del Mundo 2026 ya tiene campeón. Durante el torneo, millones de personas en todo el mundo siguieron los partidos. En paralelo, circularon contenidos falsos y engañosos en redes sociales y aplicaciones de mensajería.
Según reportes de verificadores y organizaciones especializadas, se detectaron videos manipulados que atribuían declaraciones racistas a dirigentes y jugadores, rumores falsos sobre el cierre de fronteras a jugadores y simpatizantes por razones sanitarias, y frases inventadas sobre conflictos de soberanía territorial.
La desinformación se concentró en momentos de alta atención pública, identidad, pasión, incertidumbre o enojo. Los contenidos apelaban a prejuicios existentes, los exageraban y los ponían a circular, profundizando tensiones y convirtiendo diferencias en enfrentamientos.
El fenómeno no es nuevo y no se limita a eventos deportivos. Ocurre también en elecciones, conflictos internacionales, crisis sanitarias o desastres naturales. Los mecanismos buscan generar reacción antes que reflexión.
La inteligencia artificial también intervino en la construcción de narrativas falsas durante el Mundial. La verificación de contenidos dejó de ser una tarea exclusiva de periodistas y verificadores. La educación mediática y el pensamiento crítico se consideran habilidades necesarias para la ciudadanía.
El torneo finalizó, pero la circulación de desinformación continúa. Próximos eventos que concentren la atención pública, como elecciones, emergencias climáticas o crisis económicas, podrían ser escenarios similares.
