Los Okada compraron el restaurante Tao Tao en 1970 y lo convirtieron en un éxito que aún perdura.
En los últimos 60 años la fisonomía de la avenida Cabildo, en el barrio de Belgrano, fue mutando. También el frente del restaurante Tao Tao, aunque su comida es la misma desde 1967, cuando abrió sus puertas para ofrecer un estilo de “american chinese cuisine”. Con el tiempo, esos sabores orientales pensados para un paladar occidental (su chop suey, su pollo a la naranja y sus arrolladitos primavera) se volvieron parte de la cotidianidad de Buenos Aires.
“En aquella época la gente no conocía la comida china”, recordó Mizue Okada, esposa de Toshio Okada, quien en 1970 adquirió el restaurante. El local y otros que abrieron bajo la marca Tao Tao tuvieron como habitués a Jorge Luis Borges, Mercedes Sosa, Mario Pergolini, Horacio Guaraní y Raffaella Carrá. También sobre avenida Cabildo los Okada abrieron el primer restaurante bajo el concepto de “tenedor libre” en Buenos Aires.
Okada, nacido en Tokio, estudió hotelería y llegó a Buenos Aires a finales de los 60. Adquirió el restaurante que estaba a la venta. Hoy, Tao Tao sigue siendo conducido por Mizue y su hijo Francisco.
—¿Cómo llegó Toshio a la Argentina?
Mizue: —Él había estudiado hotelería y entró a trabajar en el Hotel Imperial de Tokio. Como parte de su trabajo tenía que hacer una experiencia en el extranjero y decidió venir a Sudamérica. Así llegó a la Argentina, donde hizo una pasantía en el Hotel Plaza, también en el Provincial de Mar del Plata. Luego hizo un viaje por vía terrestre, de la Argentina a los Estados Unidos. Él tendría que haber vuelto a Japón, pero volvió a Buenos Aires, compró el restaurante y se quedó acá.
—¿Cuando compró el restaurante ya se llamaba Tao Tao?
Mizue: —Sí, lo había abierto un señor chino en el 67, pero lo puso a la venta porque quería irse a Estados Unidos. Mi esposo siempre había tenido interés en la gastronomía, pero su madre le había pedido que primero terminara la universidad. Por eso cuando se encontró con Tao Tao quiso probar suerte. Él no tenía el dinero para comprarlo, pero un amigo japonés se lo prestó. Se hizo cargo del restaurante en noviembre de 1970 y nos casamos después, a fines de marzo.
—¿Qué cambios hizo en el restaurante?
Mizue: —Todo el personal lo mantuvo, de hecho hubo mozos que estaban desde antes y después se jubilaron con nosotros. Pero lo que mi esposo había aprendido en Japón era el trabajo de servicio de restaurante, así que lo primero que hizo fue hacer una limpieza de punta a punta del local, y que el personal empezara a ofrecer un servicio realmente bueno. Al poco tiempo de reabierto, el dueño anterior vino un día y le dijo: “Señor Okada, ¡es sorprendente cómo usted trabaja!”. Por otro lado, mi esposo tenía la idea de que la comida china tenía que ser más popular. Hasta ese momento, en la Argentina la comida china se consideraba una comida especial. Entonces lo que hizo fue bajar el precio, porque Tao Tao antes era un restaurante muy caro.
—¿Cómo reaccionaba la gente ante esta comida que no conocía?
Mizue: —Al principio muchos no querían comer, decían que la comida china tenía mucha verdura, que no les gustaba el sabor agridulce, tampoco el picante. Pienso que la apertura a la comida asiática fue recién en la época de Menem. Incluso en esa época abrimos acá cerquita un restaurante japonés que se llamaba Tokio, pero que no caminó: la gente todavía no quería saber nada de pescado crudo. Acá lo que siempre salía, como hasta ahora, era el pollo con almendras, el arroz y los arrolladitos primavera.
—¿Además de Tokio tuvieron otros restaurantes?
Mizue: —Siempre nos ofrecían otros locales. Había uno en Callao y Rodríguez Peña que fuimos a ver y a mi esposo no le gustó, pero justo caminando pasamos por una casa antigua, muy linda, en Rodríguez Peña y Santa Fe, y nos encantó. Llevó un año entero refaccionarla, pero quedó hermosísima. Además era la época en que estaba abierta la importación, así que pudimos traer un montón de elementos de decoración chinos. El restaurante se llamó Mandarín Tao Tao y ahí iba mucha gente famosa. Jorge Luis Borges, por ejemplo, venía a comer al mediodía muy seguido.
—¿Qué platos pedía?
Mizue: —Muy poquitas cosas, pero siempre empanaditas chinas. A veces venía con Kodama, otras veces venía solo.
Francisco: —También tuvimos otro restaurante en esta misma cuadra, Palacio Tao Tao, que después mudamos a Luis María Campos y Teodoro García. Fue el primer tenedor libre de la ciudad.
Mizue: —Es más, mi esposo fue el inventor de la palabra. Y en su momento funcionó muy bien. La gente mayor prefería que le sirvieran y no se enganchó, pero fue un boom con el público joven. Y tuvimos también un Tao Tao Express en Paseo Alcorta.
—¿Se filmaron varias películas y programas acá?
Francisco: —Sí, la más famosa fue Las locuras del profesor, con Carlitos Balá, Javier Portales, Monzón y Palito Ortega. Palito vivía cerca y venía de vez en cuando. También se filmó un capítulo de Piel Naranja, con Arnaldo André, y publicidades, como una de Quilmes.
—¿Por qué siendo de ascendencia japonesa siguieron haciendo comida china?
Mizue: —Para no mezclar. La cocina japonesa maneja mucho pescado crudo y acá tenemos fuegos muy fuertes para la cocina china. Son incompatibles dentro de la cocina.
