El Mundial de Estados Unidos 2026 encuentra a la Argentina en un contexto marcado por cambios políticos, económicos y culturales. Desde la celebración de Qatar 2022 hasta el presente, la sociedad argentina atraviesa transformaciones en sus valores, liderazgos y formas de identidad colectiva.
Los mundiales suelen funcionar como una fotografía emocional de cada época. México 1986 quedó asociado a la recuperación democrática y a las heridas de la Guerra de Malvinas. Francia 1998 coincidió con el auge de la globalización. Sudáfrica 2010 acompañó el ciclo de expansión económica de América Latina. Rusia 2018 encontró a la Argentina en medio de dificultades del gobierno de Mauricio Macri. Qatar 2022 se convirtió en una celebración colectiva tras la pandemia.
En estos cuatro años cambiaron el Gobierno y las formas en que los argentinos se relacionan con la información, la autoridad y las instituciones. El ascenso de Javier Milei puede leerse como síntoma de una sociedad escéptica respecto de las soluciones colectivas, predominando valores asociados a la autonomía individual y la autosuficiencia.
El fútbol, sin embargo, sigue siendo una actividad que pone en primer plano lo colectivo. La selección campeona en Qatar fue percibida como un equipo donde convivieron liderazgos complementarios. Lionel Scaloni construyó un ciclo cuya fortaleza fue una red de liderazgos, con Messi, Rodrigo De Paul, Dibu Martínez, Julián Álvarez y Enzo Fernández.
Los festejos de Qatar 2022 representaron un acontecimiento de unidad nacional absoluta. Millones de personas salieron a las calles sin consignas partidarias. Fue una experiencia excepcional que trascendió diferencias ideológicas, sociales y generacionales.
Estados Unidos 2026 encuentra a Javier Milei atravesando las dificultades de un tercer año de gestión. Aunque el oficialismo logró reducir algunos desequilibrios históricos, la recuperación no se traduce en una mejora perceptible para amplios sectores. Escándalos de corrupción, como el caso Adorni, han erosionado la imagen de la fuerza política.
Messi, a los 38 años, volvió a demostrar que la experiencia puede ser tan valiosa como la juventud. Sus lágrimas tras convertir su primer gol revelaron una vulnerabilidad poco frecuente. La Argentina de 2026 parece una sociedad más experimentada, menos ingenua, consciente de sus heridas y límites, pero que sigue intentando avanzar.
La idolatría hacia Maradona y Messi refleja transformaciones en la subjetividad colectiva. Maradona representó la era de los grandes relatos políticos y las figuras rebeldes. Messi encarna la hiperconectividad, las marcas globales y la autenticidad silenciosa. Cada uno fue admirado de manera distinta porque las sociedades que los admiraron también eran distintas.
