Especialistas de diversos campos analizan las capacidades de la inteligencia artificial y su relación con la inteligencia humana, en un contexto de creciente implementación tecnológica.
Desde hace años, diversas fundaciones y asociaciones civiles han desarrollado acciones basadas en inteligencia humana, sin intervención de inteligencia artificial (IA). Esto se destaca ante testimonios que sugieren que la IA podría reemplazar a la humana.
Darío Amodei, CEO de la empresa de inteligencia artificial Anthropic, afirmó que la IA tendrá una capacidad cognitiva similar o superior a la humana y que en uno o dos años podrá realizar tareas como las de un empleado brillante. Elon Musk, en el Foro Económico de Davos en enero, predijo que “la IA pronto será más inteligente que todos los humanos juntos”. Especialistas agregaron que, en pocos años, dicha inteligencia tendrá la misma capacidad que un premio Nobel. Sam Altman, CEO de OpenAI, manifestó preocupación por una posible extinción de la humanidad provocada por la IA.
El periodista de LA NACION Héctor M. Guyot sostuvo que se puede perder gradualmente la capacidad de pensar si todo se espera del clic y de la pantalla. Agregó: “La IA solo ordena palabras. Parece que piensa, pero no lo hace. Pensar es más que ordenar palabras. La IA es incapaz de elevarse a un plano superior al de los datos. ¿Acaso cuando pensamos no nos ponemos en un plano superior al de los datos? La IA no siente. Sin embargo, cada vez más gente interactúa con ella como si fuera una persona. La han programado para que simule pensar y sentir, humanizándola hasta concederle una conciencia de la que, por supuesto, carece. Y es en la conciencia donde se abre el abismo entre nosotros y la IA”.
El oftalmólogo y doctor en Medicina Roberto Borrone señaló los usos de la IA en su especialidad, pero advirtió: “Este instrumento muy poderoso, cuyo techo desconocemos, no reemplaza el juicio clínico o criterio médico y menos aún la contención que todos necesitamos como pacientes”.
La argentina Milagros Miceli, reconocida por la revista Time como una de las 100 personas más influyentes en el mundo sobre IA, sostuvo que hay que pensar en la IA como proveedora de información y no como protagonista que toma decisiones. En una entrevista declaró: “Se está promoviendo la idea de que esta superinteligencia va a tomar decisiones que no vamos a poder comprender. Que vamos hacia una IA que pueda sentir y pensar por sí misma, siendo que es estadística y probabilística en un nivel muy avanzado, pero que no siente, no ve.” Sobre la pérdida de puestos de trabajo, explicó que se convence a empresarios de implementar la IA, “pero lo que nadie cuenta es que en un año esas empresas vuelven a contratar trabajadores humanos […] se cuenta lo primero, no lo segundo, porque recontratar implica que no funcionó la automatización […] eso pasa en Europa, Estados Unidos y otras regiones […] Si la gente en el gueto de Varsovia tuvo la energía de resistir, ¿cómo vamos a pensar que nosotros no podemos? Mi papel es el de hablar de estas cosas, incluso en lugares hostiles”. Concluyó: “Hay que pensar qué es éticamente correcto y qué no, cuáles son los límites morales del desarrollo de estas tecnologías”.
Varios países están legislando para evitar los malos usos de esta nueva tecnología. Organizaciones como Amnesty International o Human Rights Watch advierten sobre la violación de derechos humanos y sugieren caminos para evitarla.
