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Keynesianismo y maquiavelismo: dos corrientes de pensamiento y su influencia en la economía y política argentina

Un análisis detallado de las ideas de Keynes y Maquiavelo y cómo sus discípulos las transformaron en doctrinas que impactaron en la gestión económica y política, con especial referencia al caso argentino.

La obra de ciertos autores suele ser reinterpretada por sus seguidores, quienes la simplifican o convierten en doctrina oficial. Esto ocurrió con John Maynard Keynes y, de otro modo, con Nicolás Maquiavelo, según un análisis publicado recientemente.

Keynes publicó su ‘Teoría General’ en la década de 1930, en un contexto de depresión global y temor al comunismo y al fascismo. El texto señala que la obra fue ‘una obra de oportunidad’ y que el propio Keynes, según el economista Friedrich Hayek, no la consideraba definitiva. Sin embargo, sus discípulos desarrollaron una teoría intervencionista permanente del gobierno en la economía, con puntos de contacto con el corporativismo de la época. Esto derivó en el culto al gasto público, la naturalización del déficit, la expansión de la deuda y el desprecio por el ahorro y la inversión administrada por funcionarios.

El artículo sostiene que el keynesianismo ofreció al poder político un argumento para gastar más, distribuir privilegios, cerrar la economía y postergar costos. La ‘eutanasia del rentista’ se presentó como fundamento moral de una expropiación silenciosa de los ahorros mediante inflación y represión financiera. El proteccionismo apareció como un nuevo mercantilismo, aislando al país del comercio internacional.

En cuanto a Maquiavelo, el análisis indica que fue un revolucionario del pensamiento político al describir el poder sin retórica moral. En ‘El Príncipe’ y en los ‘Discursos sobre la primera década de Tito Livio’, defendió la energía republicana y la libertad frente a la corrupción. No obstante, desde comienzos del siglo XX surgieron los ‘maquiavelistas’ —Mosca, Pareto, Michels, Sorel y James Burnham—, quienes reinterpretaron su obra afirmando que toda sociedad es gobernada por minorías y que toda democracia tiene una elite. Burnham, en ‘La revolución de los managers’, sostuvo que el capitalismo competitivo estaba siendo reemplazado por una sociedad gerencial controlada por administradores, burócratas y técnicos.

El texto establece un punto de contacto entre keynesianos y maquiavelistas: ambos desconfían del orden espontáneo. Los primeros desconfían del mercado; los segundos, de la democracia deliberativa y de la capacidad de los ciudadanos para gobernarse. En ambos casos, el ciudadano se convierte en paciente, contribuyente, consumidor regulado o masa electoral, mientras el poder efectivo pasa a los gerentes del Estado y de las corporaciones.

El artículo concluye que la Argentina conoce esa alianza entre economía dirigida y razón de Estado, invocada para justificar emergencias permanentes, controles de precios, cierres comerciales, confiscaciones monetarias, deuda irresponsable y privilegios sectoriales. Frente a ello, propone como respuesta constitucional limitar el poder, preservar la competencia, defender el ahorro, proteger la propiedad y recordar que ninguna emergencia justifica convertir la excepción en sistema.

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