El escritor estadounidense Michael Tennant, creador del modelo ‘Five Phases of Empathy’, visitó Argentina para presentar su enfoque sobre cómo entrenar la empatía como una habilidad aplicable al liderazgo, las relaciones y los procesos de cambio.
El psiquiatra suizo Carl Jung escribió que “lo que niegas te somete; lo que aceptas te transforma”. Un estudio publicado en el Journal of Occupational Health Psychology encontró que la exposición sostenida a climas laborales hostiles eleva los niveles de cortisol y aumenta el riesgo de burnout. La American Psychological Association señala que sostener vínculos disfuncionales impacta en la salud cardiovascular y la regulación emocional. Una investigación de la Universidad de Harvard halló que las personas expuestas de forma crónica a relaciones sociales negativas presentan un 29% más de riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares. Un estudio de la Universidad de Stanford sobre toma de decisiones mostró que los estados de estrés sostenidos reducen la capacidad de evaluar alternativas y aumentan la tendencia a permanecer en situaciones desfavorables.
En ese contexto aparece Michael Tennant, criado en el Brooklyn de los años 80. Tras atravesar violencia y duelos, fundó Curiosity Lab y desarrolló el modelo de cinco fases de empatía. “Cuando perdí a mis hermanos, entendí que evitar el dolor no te protege, te desconecta”, afirmó Tennant, autor de El poder de la empatía.
En diálogo con Extra Argentina, Tennant declaró: “Nací en una familia de inmigrantes jamaicanos. De chico me encantaba estar afuera, andar en bici, jugar. Pero mi barrio era muy duro, con mucha violencia. Eso hizo que pasara más tiempo adentro, observando e imaginando”. Sobre su carrera en publicidad, sostuvo: “El desgaste, sumado a pérdidas personales, me llevó a buscar herramientas para entender lo que sentía”.
Consultado sobre el momento en que la empatía se volvió vital, respondió: “Cuando murieron dos de mis hermanos. Ahí entendí que tenía que elegir entre sanar o no. Empecé a quedarme en emociones difíciles en lugar de evitarlas”. Acerca de por qué transformar la empatía en método, afirmó: “Porque necesitamos pasos concretos para aplicarla”.
En cuanto a las dificultades emocionales actuales, señaló: “Salir de nuestras burbujas y tolerar la incomodidad. Pero en las nuevas generaciones veo esperanza, aunque también mucho cansancio emocional”. Sobre por qué se juzga más de lo que se entiende, dijo: “Porque el juicio protege nuestra visión del mundo”. Diferenció ser empático de vivir con empatía: “Lo primero es puntual. Lo segundo, un hábito”.
Respecto a su entrenamiento personal, explicó: “La practico todos los días. Observo qué estoy sintiendo, intento identificar qué pueden estar sintiendo los demás y presto atención a cómo las acciones reflejan valores reales, no solo los que decimos tener. También miro los sistemas de los que formo parte, porque la empatía no es solo individual, es colectiva”.
En el ámbito laboral, comentó: “La presento en términos que las organizaciones entienden: bienestar, seguridad psicológica, conexión, innovación. Cuando dos equipos tienen las mismas capacidades técnicas, la diferencia la hace la inteligencia emocional”. Sobre el concepto de “mindset de abundancia”, sostuvo: “La abundancia es el espacio entre sentirte seguro y experimentar alegría. Cuando usamos la empatía para construir ese sostén, generamos las condiciones para explorar, crear y avanzar”.
Consultado sobre el contexto hiperconectado, afirmó: “Vivimos en un mundo donde nuestros hábitos y preferencias están constantemente reforzados. Eso hace que tengamos menos oportunidades de sentirnos fuera de lugar o de cuestionar nuestras propias ideas. Pero ese tipo de incomodidad es necesario para crecer”.
Sobre cómo sostener la incomodidad, declaró: “No estamos entrenados para eso. Sentir que nos equivocamos o que no entendemos algo activa una incomodidad que muchas veces evitamos con juicio o distancia. Pero ese momento es una puerta. Si lo atravesamos, aparece la posibilidad de comprender algo nuevo”.
Acerca de los errores comunes al intentar ser empáticos, dijo: “Pensar que es algo que se tiene o no se tiene. En realidad, es una habilidad que se entrena. También veo que muchas personas buscan hacerlo perfecto, cuando en realidad se trata de práctica constante, con errores incluidos”.
Como idea para aplicar en lo cotidiano, sugirió: “Darse un poco más de tiempo antes de reaccionar. Ese espacio, aunque sea mínimo, puede cambiar completamente la forma en que entendemos una situación y, en consecuencia, cómo actuamos”.
Finalmente, sobre cómo construir una práctica de empatía en contextos de incertidumbre, afirmó: “Empezá por bajar la expectativa. No se trata de hacerlo perfecto ni todo el tiempo, sino de incorporar pequeños momentos de conciencia. Puede ser una pausa antes de responder, una pregunta genuina o simplemente notar qué está pasando en tu cuerpo. Esos momentos cambian la forma en que habitamos lo que nos pasa”. Y agregó: “La empatía también implica límites. No siempre tenemos que estar disponibles para todo ni para todos. Bien entendida, la empatía no suma presión: ordena, ayuda a priorizar y permite tomar decisiones más alineadas con lo que necesitamos”.
