El dato de abril rompió una racha alcista de diez meses. Analizamos los factores que impulsaron la baja, la comparación con otros planes de estabilización y los desafíos que vienen.
La inflación de abril marcó una desaceleración luego de diez meses consecutivos de subas, lo que representa un punto de inflexión en el proceso inflacionario. Si bien el Gobierno celebra la baja, persisten dudas sobre la posibilidad de sostenerla en el tiempo y alcanzar una inflación cercana a cero en el corto plazo.
El dato del cuarto mes del año fue una buena noticia para la administración central, que venía de un marzo complicado por el shock externo de la guerra en Medio Oriente, la estacionalidad y el aumento en el precio de la carne. En abril, esos factores no se repitieron, lo que permitió una mejora en el índice de precios al consumidor (IPC).
Un informe de la Fundación Libertad, al que accedió esta agencia, detalla los puntos clave del IPC de abril y las proyecciones. Entre los aspectos más relevantes se destaca el comportamiento de los precios regulados, que subieron un 4,7% (impulsados por los combustibles), mientras que la inflación núcleo se ubicó en un 2,3%.
“Algo relevante es que parece que bienes y servicios corren por andariveles diferentes: mientras los bienes acumulan una suba interanual de 27,4%, los servicios llevan 43,1%”, explican desde la Fundación.
La evolución de los precios relativos es clave para sostener un proceso de desinflación prolongado. Comparado con 2019, la actual estructura de precios relativos presenta un mayor alineamiento, mientras que frente a 2023 (durante la presidencia del Frente de Todos) las distorsiones eran más marcadas. Por ejemplo, prendas de vestir y calzado estaban un 35% por encima, mientras que vivienda, agua, electricidad y gas se ubicaban cerca de un 40% por debajo.
El ordenamiento de los precios relativos sugiere que el proceso de desinflación puede volverse más sostenible sin necesidad de ajustes adicionales que generen nuevas presiones inflacionarias.
Un programa de largo plazo
El informe, elaborado por el economista Joaquín Aránguiz, destaca que los procesos de estabilización inflacionaria exitosos, como los de Chile, Israel, Polonia, Perú y Uruguay, requieren entre 8 y 10 años para consolidarse, tomando como referencia un período de 12 meses consecutivos con inflación por debajo del 10%.
“En términos de magnitud, mientras que el programa actual se encuentra en torno a su mes 28, la evidencia comparada muestra que los procesos exitosos requirieron, en promedio, alrededor de 124 meses para consolidarse. Casos particulares como Uruguay (103 meses), Perú (89 meses), Polonia (116 meses) o Israel (151 meses) refuerzan esta idea de que se trata de trayectorias prolongadas”, precisan.
Además, se resalta que los procesos de desinflación no suelen ser lineales. “Salvo excepciones puntuales, como la convertibilidad, lo habitual es observar episodios en los cuales la inflación interrumpe su descenso, registra aumentos transitorios y luego retoma la trayectoria a la baja”.
Lo que se espera
El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central proyecta que la inflación recién quebrará la tendencia de los dos puntos a partir de agosto, lo que retrasa las expectativas oficiales.
En el plano internacional, la escalada del conflicto bélico en Medio Oriente elevó el precio del petróleo más de un 50%, superando los 100 dólares por barril. Esto impacta directamente en el precio de los combustibles. A pesar del congelamiento extendido por YPF durante 45 días, la petrolera confirmó un ajuste del 1% y se proyecta que el traslado total supere el 15%.
No obstante, si el conflicto se resuelve, los precios del petróleo podrían corregirse a la baja. “En este sentido, el cambio en el nivel de precios, eventualmente, podría deshacerse”, argumenta Aránguiz.
En conjunto, el panorama inflacionario podría interpretarse como “un entorno más constructivo”, con un tipo de cambio estable, precios relativos en proceso de ajuste y un contexto internacional que podría acompañar. “Podemos esperar un cambio de tendencia en la inflación y una reanudación del proceso desinflacionario. No obstante, el problema de tantos meses con inflación en torno al 2% es que los agentes podrían haber internalizado esta cifra dentro de sus expectativas, dándole inercia a la inflación en esa zona fundamentalmente de la mano de ajustes en regulados; los meses venideros confirmarán si esto es un problema verdadero o si el proceso desinflacionario puede arrancar sin sobresaltos”, concluye el informe.
