InicioPolíticaEl vínculo entre periodistas y fuentes oficiales: ¿periodismo o propaganda?

El vínculo entre periodistas y fuentes oficiales: ¿periodismo o propaganda?

Un análisis sobre la relación entre comunicadores y el poder, a raíz de las entrevistas a funcionarios del Gobierno de Javier Milei.

Una relación demasiado próxima entre el periodista y la fuente puede convertir al primero en un transmisor de propaganda en lugar de un entrevistador crítico. Ejemplos recientes en la televisión argentina muestran a figuras como Fantino, quien reconoció que su charla con Manuel Adorni no era un reportaje sino una conversación, o Trebucq, que pidió disculpas al Presidente y se encogió de hombros ante un regaño en vivo. Majul, en cambio, parece saber cuándo tomar distancia, aunque la repetición de esta táctica podría volverla ineficaz.

Surge el debate sobre si lo que se ve en pantalla es periodismo, propaganda o entretenimiento. La necesidad de llenar horas de programación en siete canales de noticias simultáneos lleva a buscar la atención del público a cualquier costo. Esto plantea una pregunta clave: ¿puede ser presidente quien no está en condiciones de responder preguntas de verdad?

Una de las estrategias para evitar preguntas incómodas es garantizar a los entrevistados un trato dócil a cambio de exclusivas. Vivimos la época de la ‘tiranía de las fuentes’, donde los sujetos noticiosos más relevantes hasta crean sus propias redes sociales, como Truth Social de Trump. En Argentina, esto facilita que solo un puñado de periodistas tenga acceso a la palabra oficial.

Se comprende a los periodistas que concentran las entrevistas al Presidente, a su jefe de Gabinete y a ministros, así como a los medios que los cobijan. La competencia por la atención es feroz. Queda por ver si estos entrevistadores de Milei correrán la misma suerte que comunicadores oficiales del pasado: José Gómez Fuentes en la dictadura, Bernardo Neustadt en el menemismo, o los panelistas de 6, 7, 8 durante el kirchnerismo. Hay ejemplos de quienes supieron separarse a tiempo, como Mariano Grondona o Eduardo Feinmann.

Las noches en los canales de noticias durante estos años de Milei presidente son tristes para el periodismo. Muy distintos eran los reportajes al entonces candidato antes de noviembre de 2023, como el de Luciana Geuna, que preguntaba y repreguntaba sobre su creencia en la democracia.

Un debate epistémico atraviesa a las organizaciones de periodistas: ¿alcanza con exponer un decálogo de buenas prácticas o hay que denunciar públicamente la mala praxis? Nadie tiene el medidor exacto que separa el periodismo del entretenimiento. Los programas de chismes de la tarde dieron origen a un género que luego se trasladó a la noche con la espectacularización de la política. La ficción y el humor construyen opinión pública a veces más agudamente que el periodismo tradicional.

El problema no está solo en los periodistas que tienen el monopolio de las entrevistas al Presidente, sino en la cultura política. Así como la ley electoral propone debates presidenciales obligatorios, los presidentes podrían estar obligados a conferencias de prensa periódicas con periodistas de todos los medios. Lo que se vio con Javier Milei interpelando a sus entrevistadores, y no al revés, demuestra que el Presidente no está en condiciones de responder verdaderas preguntas. ¿Puede ser presidente aquel que no está en condiciones de responder preguntas?

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