La obra dirigida por Marcelo Mininno se presenta en el Teatro de la Ribera y ofrece una mirada sobre la familia, la historia y el país.
La familia ha sido un tema recurrente en la escena argentina. Ateneo para una familia, con dirección de Marcelo Mininno, se suma a esa tradición con una propuesta que se presenta en el Teatro de la Ribera (Pedro de Mendoza 1821). La obra toma como intertexto En familia, de Florencio Sánchez, y explora los vínculos, los problemas económicos y la desintegración familiar, tanto por causas internas como externas.
La narración no sigue un orden cronológico tradicional; está rota, interrumpida y alterada, reflejando el desorden de la propia familia. Un ateneo, como espacio de reflexión y socialización de saberes, da nombre a la obra que oscila entre lo general y lo particular: una familia que representa a muchas otras.
Sobre el escenario, con los restos de una vivienda en decadencia, se propone la reconstrucción de una línea genealógica. Acompañar a la madre en el último tramo de la vida y desarmar la casa son los puntos de partida para viajar hacia atrás en la historia, con personajes que son y no son. La madre, el hijo que vuelve del sur con su mujer tras un fracaso, y el padre mantienen su identidad; los demás ocupan roles intercambiables de hijos, perros o abuelos.
La familia tuvo una fiambrería o una fábrica de colchones; los proveedores dejaron de entregar mercadería o se vendieron las máquinas; vivieron cerca de la AMIA o en La Boca. Los discursos políticos atraviesan las décadas y marcan el declive. Todo se repite: fórmulas, argumentos, errores, huidas. Como los nombres en la familia, la historia familiar y la del país se repiten en el surco de la insistencia.
Los lenguajes escénicos se habilitan para dar la espalda en bloque, convertirse en ovejas, ocultar el nombre de un político con aplausos, cantar un tango o desplazarse coreográficamente. La escenografía, el trabajo sonoro, el vestuario y la iluminación articulan el mismo discurso que el verbal. Por ejemplo, la ropa dada vuelta, el revés de los bolsillos, los cambios graduales en los personajes y la forma de habitar y deshabitar el espacio.
Ateneo para una familia espera un espectador activo que sature los huecos y reponga los vacíos. La escena se desarma hacia el final, dejando solo las estructuras de madera, pero algo de esperanza permanece. Además de la dirección y las actuaciones sólidas, seis de los diez actores son egresados de la EMAD y recibieron la Beca «Familia Podestá» para los mejores promedios. Funciones: viernes 14.30; sábado y domingo 16.30. Duración: 90 minutos.
