Un equipo de investigadores descubrió una metodología que usa datos de asteroides cercanos para diseñar trayectorias rápidas a Marte, reduciendo el viaje de ida y vuelta a solo 153 días.
La exploración espacial podría estar ante un cambio de paradigma. Un equipo liderado por el cosmólogo Marcelo de Oliveira Souza halló una forma de utilizar datos orbitales de asteroides cercanos a la Tierra como plantillas para diseñar trayectorias de alta velocidad hacia Marte.
Según el estudio publicado en Acta Astronautica, una misión de ida y vuelta al planeta rojo podría completarse en 153 días, frente a los tres años que requieren los perfiles convencionales. El hallazgo no implica un despegue inminente, pero altera la forma en que los astrónomos interpretan datos orbitales antes descartados.
El origen del descubrimiento está en el asteroide 2001 CA21. Al analizar sus cálculos orbitales tempranos, De Oliveira Souza, investigador de la Universidad Estatal del Norte de Río de Janeiro, detectó que las trayectorias preliminares dibujaban una especie de puerta secreta que intersectaba las zonas de influencia de la Tierra y Marte durante la oposición de octubre de 2020.
La investigación analizó tres ventanas de oposición marciana: 2027, 2029 y 2031. El año 2031 emergió como la oportunidad más prometedora. Bajo esa configuración, una nave podría salir de la Tierra el 20 de abril de 2031, llegar a Marte el 23 de mayo, permanecer 30 días y regresar el 20 de septiembre.
Existe una opción más factible energéticamente que demandaría 226 días, con velocidades iniciales de 16,5 km/s. Para validar las rutas, los científicos usaron un solucionador del problema de Lambert y restringieron la inclinación de la nave al plano de referencia del asteroide.
Los autores son cautelosos sobre los desafíos tecnológicos. La ruta ultraveloz de 33 días exigiría velocidades de salida de 32,5 km/s y una llegada a Marte de 108.000 km/h, lo que supera las capacidades actuales y requeriría propulsión nuclear térmica o eléctrica avanzada.
El equipo subrayó que la técnica no altera la trayectoria del asteroide ni su riesgo de impacto, sino que aprovecha la geometría existente en el sistema solar. Este atajo sugiere que Marte no está tan lejos como se calculaba, y que quizás se observa el cielo con las herramientas equivocadas.
