En Weesp, Países Bajos, Hogeweyk ofrece un modelo de atención donde los residentes viven en casas, van al supermercado y al bar, en un entorno que imita la vida cotidiana.
El señor Van Eese levanta hacia las nueve de la mañana. Ya hace media hora que sus compañeros de casa han desayunado, pero a él le gusta dormir. Se levanta, completa su rutina de aseo, y desayuna con calma, a su ritmo. Luego, sale a dar un paseo, antes de su rutina de gimnasio. Por la tarde ha quedado con un amigo, también residente en este centro, para ir a tomar un café al bar. Allí se encontrarán quizá con la hija de su amigo, que va a visitarles y a tomar una cerveza. Ambos, el señor Van Ee y su colega, sufren demencia, y esta podría ser la descripción de un día en sus vidas. Es una cotidianeidad aparentemente muy similar a la de cualquier persona mayor que viva en su hogar, y sin deterioro cognitivo. Pero el lugar donde viven no es una residencia cualquiera: es Hogeweyk, en el municipio holandés de Weesp, a pocos kilómetros de Amsterdam. Este conjunto de casas es un pequeño vecindario o urbanización con más de 15.000 metros cuadrados; es decir, es algo más que una infraestructura sanitaria. Tiene casas, calles, jardines, bancos para tomar el sol, bar, supermercado y teatro… Y todos esos servicios están abiertos a los residentes, pero también a los visitantes del exterior. El proyecto se gestó hace treinta años ya, fruto de la decepción con los modelos tradicionales de atención a las demencias. “Lo que teníamos antes no era lo que querrías para tu madre, tu padre o para ti misma. Y si no lo quieres para ti, si no estás orgulloso de tu trabajo ni del lugar donde trabajas, tienes que cambiarlo”, nos cuenta su director, Eloy Van Hal, que estos días ha participado en el WeMind International Forum, un congreso dedicado a la longevidad y a la salud neurológica y mental, en Barcelona. “El gran edificio institucional, la estructura antigua de la residencia, se derrumbó para iniciar un proyecto que devolviese a sus habitantes a la vida cotidiana, recuperando las actividades normales como cocinar o lavar la ropa”. Hoy, según datos de la Alzheimer’s Disease International, hay más de 55 millones de personas con demencia en el mundo, y la Organización Mundial de la Salud calcula que sean ya 78 millones para 2030. Ante la necesidad urgente de soluciones para los cuidados a largo plazo que precisa la demencia, surgen alternativas. Nunca generan unanimidad de opiniones sobre su idoneidad y forma de tratar las enfermedades neurodegenerativas, pero se debe valorar su aportación sorprendente, ante unos cuidados tradicionales arcaicos que pecan de poco respetuosos con las voluntades de los enfermos. Con la voluntad de crear una nueva forma de vida para las personas con demencia, nació Hogeweyk, este pueblo o barrio que hoy acoge a 188 residentes en 27 viviendas, casas en las que conviven seis o siete residentes, con dos personas encargadas de los cuidados (una de la atención más social o sanitaria, la otra de las necesidades domésticas). Cada hogar está regido por uno de los cuatro estilos de vida que se han establecido, para que cada ambiente se adapte a los gustos y valores de sus residentes. Así, la decoración, el ambiente, o lo que se cocina y se come, está condicionado por el estilo cosmopolita, urbano, tradicional o formal. “Desde el principio introdujimos los estilos de vida porque vivir juntos con personas afines reduce la confusión y genera comodidad. Hemos comprobado los beneficios de todo ello”, explica Van Hal. En las unidades de convivencia “cosmopolitas” el interiorismo y los muebles siguen un estilo más colorido y moderno, mientras que se puede cocinar diferentes platos de pasta, paella, u otras propuestas internacionales. En los hogares más tradicionales, las paredes lucen cuadros clásicos de paisajes o bodegones, los muebles clásicos de madera y los sofás robustos de otra época invitan a sentarse sin prisa, en vitrinas y aparadores, la vajilla o los recuerdos familiares de cerámica. Los residentes no eligen lo que quieren comer en cada momento, pero sí hay flexibilidad para negociarlo con los cuidadores y cocineros. “El equipo decide con los usuarios qué cocinar, así que cada casa tiene su menú, y varía, como en una familia. Puede que a una persona no le guste algún ingrediente y se prepare un plato alternativo”, nos cuenta Van Hal, para quien la semejanza de cada unidad a una familia, es la clave. “Un hogar es un entorno social, y la mayoría somos seres sociales que nos beneficiamos del contacto con otros: conversar, compartir comidas, convivir…”. Se ha llamado a Hogeweyk “el pueblo de la demencia”, pero su director, aun reconociendo que es un apelativo que ha triunfado por la sorpresa que genera, no está del todo satisfecho con esta expresión. “No quiero centrarme constantemente en la demencia, sino en las personas que viven con demencia. Aunque ahora en muchos países la gente lo ve como una solución, a mí no me gustan esas palabras”, relata. El cocreador del proyecto rechaza también que se trate de un pueblo fake al estilo de las calles de El Show de Truman, un falso decorado, con un trasfondo inhumano, que aísla de la vida real. “¡No lo es!”, afirma.
