Un nuevo estudio científico respalda lo que poetas y sabios intuyeron: la exposición a la naturaleza produce cambios medibles en la actividad cerebral, reduce el estrés y mejora la atención. Caminar 90 minutos en un entorno verde puede neutralizar el pensamiento rumiante.
Aspirar el perfume de flores frescas calma los nervios; tocar madera baja la presión arterial; contemplar la naturaleza estimula la actividad del cerebro. Una caminata de 90 minutos en un entorno verde produce efectos medibles en el sistema nervioso, según una revisión de 108 estudios publicada en Neuroscience and Biobehavioral Reviews.
Investigadores de la Universidad de Sussex, la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile, el Imperial College de Londres, la Universidad de Oxford y la Universidad de Montreal confirmaron que la exposición a la naturaleza reduce el estrés, disminuye el pensamiento rumiante y favorece estados meditativos. Con electroencefalogramas se observó un aumento de la actividad alfa frontal, indicador de relajación y atención centrada en el interior.
La bióloga inglesa Kathy Willis, catedrática de biodiversidad de la Universidad de Oxford y autora de Las bondades de la naturaleza (Salamandra), recopila estudios clínicos que demuestran cómo la interacción con la naturaleza a través de la vista, el oído, el olfato y el tacto afecta física y mentalmente. Willis señala que bastan entre 8 y 15 minutos al aire libre para notar efectos benéficos, que aumentan con paseos más largos y regulares.
La naturaleza actúa como un regulador natural del sistema nervioso, y los patrones cerebrales observados durante la exposición a entornos naturales son similares a los de personas que meditan. Como dice Willis: “Cuando desaparezcamos como especie, la naturaleza seguirá. Ya era feliz sin nosotros”.
