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La guerra en Irán impacta en el mercado energético global y afecta las opciones de Colombia

El conflicto en Medio Oriente genera volatilidad en los precios del gas natural licuado (GNL), lo que lleva a industrias colombianas a buscar alternativas como el carbón y el GLP ante la escasez de gas nacional.

La guerra en Irán está generando transformaciones profundas en los mercados energéticos mundiales, mientras los países que dependen de importaciones se ajustan al aumento de los precios, especialmente en el caso del gas natural licuado (GNL).

Tomemos el caso de Colombia, donde la creciente escasez de gas nacional ha derivado en más de una docena de propuestas de importación de GNL en los últimos años. Sin embargo, para las fábricas que necesitan mantener su producción, el GNL a precios internacionales se ha vuelto una alternativa poco atractiva. Desde fabricantes de dulces hasta de cerámicas, las alternativas energéticas, como el propano e incluso el carbón, resultan ahora menos caras y más fiables frente al escaso gas nacional.

El distanciamiento industrial de Colombia respecto al gas perfila un escenario de destrucción de la demanda lejos del estrecho de Ormuz, por donde transitaba una quinta parte del GNL mundial antes de la guerra. Esta arteria estratégica ha estado en gran medida bloqueada durante varias semanas de hostilidades.

Los precios del GNL en Asia casi se duplicaron después de que Estados Unidos e Israel iniciaran la guerra a finales de febrero, antes de retroceder tras un frágil alto al fuego. Para las fábricas colombianas, la volatilidad del precio del GNL y las restricciones de suministro físico en Oriente Medio acelerarían tendencias que ya estaban en marcha antes del conflicto.

El consumo industrial de gas ha caído un 28% desde diciembre, cuando expiraron muchos contratos de suministro nacional. La mitad de quienes lo han abandonado han recurrido al gas licuado de petróleo (GLP), mientras que una cuarta parte ha vuelto al carbón nacional, según Sergio Cabrales, profesor de finanzas de la facultad de ingeniería industrial de la Universidad de los Andes.

“Es poco probable que estos industriales retornen al gas natural, dado su mayor costo y el diferencial económico frente al carbón, a pesar de su mayor impacto ambiental”, dijo Cabrales.

Sin duda, las empresas generadoras de energía de Colombia no han perdido su interés por el gas, especialmente ante la llegada del fenómeno meteorológico El Niño, que provoca sequías y agotará los embalses hidroeléctricos. Los distribuidores de gas urbano también necesitan suministro.

Pero, aunque siguen avanzando pequeños proyectos de GNL a corto plazo, la guerra ha puesto de relieve las vulnerabilidades del mercado del GNL, lo que debilita los argumentos a favor de planes de importación más ambiciosos.

“Te comienzas a preguntar: ¿Cuál es el plan B, C y D?”, comentó Andrés Armijos, director de investigación para Latinoamérica de Welligence Energy Analytics. “El punto es que hay que ver otras alternativas más allá de solo importar GNL”.

Desde principios de 2025, las grandes fábricas consumidoras de gas en Colombia han comprado alrededor de un 16% menos de gas de lo habitual, según la asociación sectorial Naturgas. De las compras alternativas, aproximadamente la mitad se pasó al GLP y algo más del 20% al carbón.

Colgas SA, el principal distribuidor de GLP de Colombia con una participación de mercado de alrededor del 35%, ha convertido a unas 100 empresas grandes y pequeñas, del gas natural al GLP durante el último año, y tiene como objetivo llegar a 1.000 más, según el director de desarrollo de negocios, Fabio Sabogal.

Una de las empresas que hizo el cambio es el fabricante de baldosas Eurocerámica. Anteriormente, la empresa cubría alrededor del 80% de sus necesidades energéticas con gas natural, complementado con carbón. En 2026, la combinación será 55% de carbón y 45% de GLP, una vez que se haya importado y puesto en marcha la nueva maquinaria, según indicó el gerente industrial, Fernando Salamanca.

Cuando un contrato a largo plazo para el suministro de gas llegaba a su fin en noviembre, Eurocerámica no pudo encontrar el volumen que necesitaba y el precio del suministro disponible iba a ser el doble o más de lo que habían estado pagando, explicó Salamanca en una entrevista.

“Intentamos de muchas formas pero veíamos que nos íbamos a quedar sin gas y que los precios a los que se iba a conseguir iban a ser muy elevados”, dijo. “Nos llevó a buscar otras opciones”.

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