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Miabi Hatanaka: la arquitecta argentina que fusiona su herencia japonesa en el diseño de espacios

Creció en una de las comunidades japonesas más importantes del país. Su experiencia bicultural la llevó a repensar cómo habitamos y a proyectar con una mirada que busca integrar tradiciones y necesidades.

Miabi Hatanaka nació en La Plata el 14 de febrero de 1998 y se crió en Colonia Urquiza, una de las comunidades japonesas más importantes de Argentina. Su infancia transcurrió entre el castellano y el japonés, entre costumbres locales y tradiciones heredadas, en una experiencia que, con el tiempo, se convertiría en el eje de su mirada profesional.

“Crecí en una comunidad japonesa, pero no lo pensaba como algo distinto, era simplemente mi forma de vida”, recuerda. Sin embargo, al ingresar a la facultad de Arquitectura, tomó conciencia de que su perspectiva no era la habitual. “Entendí que la forma en que habitamos no es neutra, que está completamente atravesada por la cultura”, explica.

Este descubrimiento marcó un punto de inflexión. Observar cómo sus abuelos se adaptaban a vivir en casas que no estaban pensadas para sus costumbres la impulsó a replantear su enfoque del diseño. “El espacio puede acompañarte o incomodarte según cómo esté pensado”, reflexiona.

Su trabajo final de carrera fue un centro para adultos mayores, concebido como un homenaje a la primera generación de inmigrantes japoneses. “Sentía que tenía que devolver algo a mis abuelos, personas que llegaron a un país completamente distinto e hicieron una vida desde cero”, comenta. El proyecto ponía a los mayores en el centro, como fuente de sabiduría y encuentro intergeneracional.

Para profundizar en sus raíces, Hatanaka vivió nueve meses en Japón tras recibirse. Allí, más allá del aprendizaje profesional, encontró una red familiar inesperada y una profunda sensación de pertenencia. “Se fue armando algo que no era un ritual, pero sí una sensación de pertenencia que yo pensé que no iba a poder tener”, relata sobre el vínculo con parientes lejanos.

Hoy, su práctica arquitectónica se nutre de esta identidad híbrida, cuestionando lecturas superficiales y proponiendo una lógica de diseño que integra cultura, memoria y formas de habitar.

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